Capítulo 210 —Julián —masculló Adrián, apretando los dientes—.
Tienes que entender algo: con quién estés nos tiene sin cuidado a Olivia y a mí. ¡Ella es mi esposa! ¡No tienes por qué estar rondándola!
—¿Ah, sí?—cuestionó Julián, sin ceder ni un milímetro —. Si yo no hubiera estado con Olivia, hoy se habría tirado por la ventana o le habrían desfigurado la cara.
¿Eso es lo que querías ver?
—Tú... —gruñó Adrián, y lo agarró por el cuello de la camisa—. Mocoso infeliz, no me importa cuánto dinero tenga tu familia, ¡ni se te ocurra fijarte en mi mujer!
Julián le sujetó el puño, mirándolo con dureza.
—Señor Vargas, le pido que tenga algo muy claro: ella se llama Olivia, tiene nombre y apellido. Es una bailarina profesional, no es la mujer de nadie, la esposa de nadie, ¡ni el accesorio de nadie!
Adrián, cegado por el coraje, le dio un puñetazo a la mandíbula.
—¡Pregúntale! —rugió—. ¡Pregúntale a ella quién es! ¡ Pregúntale si no es mi mujer!
Al ver esto, Olivia corrió a interponerse entre los dos para proteger a Julián.
—¡Adrián! —gritó—. ¡Lárgate de aquí!
Adrián abrió los ojos de par en par, mirándola incrédulo.
—¿Qué dijiste? ¡Vuelve a repetirlo!
—¡Dije que te largues! —repitió Olivia con muchísima claridad, manteniéndose firme frente a Julián para protegerlo.
—¿Tú... me estás diciendo... que me largue?— preguntó Adrián, señalándose a sí mismo sin poder creerlo—. Olivia, ¿tienes idea de lo que estás diciendo?
Si no fuera por mí, ¿crees que hoy estarías hospedada en este hotel?


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)