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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 213

Capítulo 213 Olivia se mantuvo muy tranquila en todo momento.

No gritó, no armó ningún escándalo, ni tampoco lo ignoró a propósito. Guardó sus cosas en el hotel, entregó la habitación y se fue a casa con Adrián.

Estaba tan tranquila que parecía que no hubiera pasado nada; tan indiferente como si fuera una completa desconocida.

En el camino a casa, cada vez que el auto se detenía en un semáforo en rojo, Adrián se le quedaba viendo.

Su reacción le parecía increíble. Se había preparado mentalmente para darle un sinfín de explicaciones y, al final, ¿todo quedaba así?

Cuando se llevaron a Olivia, la puerta de la casa se había quedado abierta y la comida a domicilio seguía apilada en la entrada. Ahora, todo estaba ordenado.

Alguien había metido las cosas, incluyendo dos cajas de fresas frescas. Olivia sabía que las había traído Julián.

No dijo ni una sola palabra. Se cambió los zapatos, se lavó la cara, se puso ropa cómoda, lavó un plato de fresas y guardó el resto en el refrigerador. Luego, se sentó a comerlas mientras revisaba su celular.

—¿Te gustan las fresas? —Adrián se sentó a su lado—.

Nunca me había dado cuenta.

—Están muy dulces. —Él también probó una.

—Las trajo Julián —aclaró Olivia, mirándolo de reojo.

Adrián guardó silencio. Si pudiera, escupiría la que se acababa de comer. De pronto, le pareció que no sabían dulces, sino todo lo contrario.

—¿Y por qué te traería fresas a ti? —preguntó. Cuando vio las bolsas de comida en la entrada, asumió que la fruta también era parte del pedido. De haber sabido que las había dejado ese sujeto, las habría tirado a la basura.

—Es mi amigo y me trajo algo de comer, ¿tiene que haber un motivo oculto? —preguntó Olivia, mirándolo confundida.

—Olivia, él es un hombre, y yo entiendo cómo piensan esos tipos mucho mejor que tú —advirtió Adrián—.

Nadie es tan amable nada más porque sí, seguro quiere algo a cambio. Nadie le regala cosas a una mujer sin segundas intenciones...

Mientras él hablaba, Olivia no dijo ni una sola palabra; se limitó a quedarse viéndolo fijamente.

—Olivia —dijo él—, ¿en serio ya no estás molesta?

—¿Y por qué a fuerzas quieres que esté enojada? ¡No lo estoy! —exclamó Olivia. No sabía cuántas veces más tendría que repetírselo para que le creyera; últimamente, el tema de si estaba molesta o no se había vuelto una conversación demasiado frecuente entre los dos.

—El hecho de que... yo eligiera a Pau, ¿en serio no te importa? —Al pronunciar esas palabras, hasta a él mismo le faltó seguridad en la voz.

—En serio no me importa. —Olivia negó.

Solo cuando se ama a alguien importa a quién prefiere o a quién valora más. Si el amor se acaba, ¿ qué importancia pueden tener esos detalles? Era exactamente la misma razón por la que Adrián jamás se había preocupado por ella.

—¿Por qué? —preguntó Adrián, sintiendo que aquello no tenía ningún sentido. En teoría, Olivia lo amaba con locura; ¿cómo era posible que le diera igual que su propio esposo la hubiera abandonado en un momento de vida o muerte?

De hecho, Olivia ya se lo había dicho antes: porque el amor se había acabado.

Sin embargo, él nunca le creyó. Asumía que le decía eso por puro despecho.

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