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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 214

Capítulo 214 A estas alturas, ya no tenía ganas de seguir hablando.

Lo principal era que solo faltaban dos días para su partida y no quería ninguna complicación innecesaria; debía evitar a toda costa cualquier factor que pudiera alterar sus planes.

—Siempre hay que mirar hacia adelante; no puedes quedarte en el pasado. Si no, ¿cómo vas a vivir?—dijo ella, tras pensarlo un momento.

—Qué bueno que pienses así. —Adrián dejó escapar un suspiro de alivio e, inusualmente, le dedicó una sonrisa mientras le acariciaba el cabello—. Pase lo que pase, vamos a pasar el resto de nuestras vidas juntos. Lo más importante es que estemos felices y seamos comprensivos.

Olivia asintió. Por supuesto, le daba la razón en que estar feliz era lo más importante, no en lo de pasar el resto de sus vidas juntos. ¿Quién iba a querer pasar la vida entera con él?

—Me voy a trabajar. —Adrián sacó su celular—. En cuanto me desocupe en un par de días, tendré tiempo libre. Iremos a buscar a la abuela y nos iremos de viaje.

En ese momento, Olivia recibió un mensaje de texto.

Adrián le había hecho una transferencia de cien mil dólares.

Últimamente, él estaba repartiendo dinero como loco.

Que soltara más; le encantaba... el dinero.

—Tendremos unos diez días, así que ve pensando a dónde quieres ir y organiza el viaje sin escatimar en gastos —añadió Adrián—. Tal vez ya no dé tiempo de salir del país, pero alguna playa o isla por el estilo estaría bien. O si tú y la abuela prefieren otro lugar, encárguense de decidirlo.

Olivia asintió distraídamente. Sus fondos para el viaje con su abuela acababan de aumentar, eso era excelente.

Sin embargo, si ya le había transferido el dinero, ¿por qué no se iba de una vez? ¿Qué hacía todavía sentado frente a ella?

Levantó la mirada y notó que él la observaba con una actitud desconocida.

En realidad, antes de que Paulina regresara, él siempre había sido alguien muy amable. Solo que su amabilidad estaba teñida de indiferencia y distancia, como si ser dulce fuera una obligación laboral; como si, a pesar de no querer hacerlo, no tuviera más remedio.

Pero en ese momento, en su mirada había una inusual calidez y satisfacción. Parecía uno de esos señores de las telenovelas de época que, tras meter a una amante a la casa, se sentía complacido al ver que su esposa legítima era comprensiva y tolerante, encantado con la armonía entre ambas mujeres.

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