Capítulo 22 Quien había pronunciado esas palabras era Julián.
Parecía que acababa de salir de los baños del salón de fiestas y observaba a Adrián y a Paulina con una mirada indescifrable.
La expresión de Adrián y Paulina cambió.
Especialmente la de Adrián, quien desde la universidad había sido un líder estudiantil nato, un hombre destacado y lleno de energía que jamás se había enfrentado a una situación tan penosa. Sin embargo, aquel destello de pánico fue fugaz. Adrián recuperó la compostura y sonrió con una elegancia ensayada.
-Sí, por eso mismo mi esposa casi no sale de casa desde hace cinco años. Ha estado dedicada en cuerpo y alma a su rehabilitación y, aunque ahora por fin vemos resultados, sigue siendo muy sensible. Le aterra que la miren raro. Hoy me costó muchísimo trabajo convencerla de venir; tuve que asegurarle una y otra vez que los invitados del señor Ortiz son gente educada y que nadie la haría sentir incómoda.
Qué hábil para hablar. Su mensaje implícito era claro:
si Julián insistía con el tema, demostraría no tener educación y estaría ofendiendo a Paulina.
"¿Resulta que tú sí sabes lo que es una ofensa?", pensó Olivia, observando la escena desde la distancia. "¿Y qué hacías cuando tus amigos se burlaban de mí? ¿Qué hiciste cuando Beto me imitó caminando mal? Nada".
No sabía que la hipocresía humana podía llegar a tal nivel. Julián sonrió. Era obvio que el discurso de Adrián no lo había intimidado; al contrario, le hizo una reverencia a Adrián con una teatralidad impecable.
Había que admitirlo, la reverencia de un bailarín profesional tiene una elegancia inigualable.
-Una disculpa, señor Vargas -dijo Julián con una cara que irradiaba sinceridad-. No es mi intención ofender a nadie. Me acercoa usted para pedirle consejo. Tengo una gran amiga que también sufrió una lesión hace cinco años, pero no ha tenido la misma suerte que su esposa para recuperarse. Ella es bailarina; lastimarse el pie fue como si le hubieran arrancado la mitad de la vida. Por eso quiero ayudarla.
Si usted conoce a un médico milagroso, ¿podría pasarme el dato?
En cuanto Julián terminó de hablar, Carmen intervino para reforzar la jugada.
-Es esta clínica. Pero cada lesión es un mundo; mi esposa se quedó allá haciendo rehabilitación continua desde que se lastimó. No sé cuánto tiempo lleve herida su amiga, pero si ya pasaron varios años, quizá el efecto no sea el mismo.
Lo único que Adrián quería era salir del paso en ese momento; ya lidiaría con las consecuencias después.
-Gracias, de todos modos hay que intentar -dijo Julián sonriendo mientras guardaba el papel.
Acto seguido, levantó la mano saludando hacia la entrada del salón.
-¡Por fin llegas!
Olivia ya estaba cerca. Bajo la mirada de todos los presentes, y muy especialmente bajo los ojos atónitos de Adrián y Paulina, avanzó hacia el centro del salón de fiestas, caminando con dificultad y arrastrando su pierna lastimada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)
ES UNA NOVELA MUY BONITA PERO FINAL TRISTE. LA DISFRUTE, ME CAPTURO DESDE EL PRINCIPIO.ALGUNOS CAPITULOS NO LOS COMPRENDI, PERO ESTA INTERESANTE....
Excelente historia...
Cualtos faltan y hasta cuando suben los restantes ?...
Atrapante...