Capítulo 260 Cuando Rosa vio a Adrián, no pudo seguir aguantando las lágrimas.
Adrián no tenía idea de lo que había pasado. Recorrió el departamento con la mirada.
—¿Pau? ¿Qué haces aquí? —preguntó.
Ella ya había bajado los pies de la mesita de centro.
Con su dulce "Adri", abrió los brazos y se le fue encima con pequeños sonidos quejumbrosos.
—Adri, hace días que no te veo... te he extrañado muchísimo. Todos te extrañamos. Como no me hacías caso, no me quedó de otra que venir a verte.
Adrián la vio llegar así y algo en su voz se suavizó.
Sonrió.
—¿No te dije que estos días estaba ocupado con otras cosas?
—¡Vaya! De todas formas, nos olvidaste. —Hizo un puchero juguetón; al notar las grandes bolsas que él cargaba, los ojos se le abrieron—. Uy, Adri, ¡cuánta ropa!
—Sí. —Él entró y dejó las bolsas.
Rosa aprovechó ese momento para salir.
El sonido de la puerta le indicó a Adrián que algo no estaba bien.
—¡Doña Rosa! —llamó.
Paulina lo jaló hacia atrás.
—¡Solo es una empleada! Se va sin decir nada, sin avisar. ¡Qué falta de educación! Adri, ¿vas a ir a buscarla? No olvides que tú eres el dueño de esta casa.
—Tampoco es para tanto. —Adrián negó con la cabeza y sonrió—. Ya nadie habla así de los empleados. Es igual que el personal de la empresa: yo también la contraté a ella.
—¡Tú pagas, ella te sirve, eso la convierte en tu sirvienta! —insistió Paulina, sin dejar de revisar las bolsas de гора.
En ese momento, Adrián marcó el número de Rosa.
Cuando contestó, ella ya iba en el auto camino al hospital.

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