Capítulo 261 Esa era, sin duda, la explicación más inútil que podía dar.
Del otro lado, Paulina vio que Adrián terminó la Ilamada y se apresuró a preguntar:
—¿Qué pasó?
—Nada, doña Rosa dice que quiere renunciar — respondió Adrián mientras guardaba el celular.
Paulina suspiró, aliviada. Aunque, pensándolo bien, ¿ qué importaba si esa sirvienta decía la verdad? Ella no le tenía miedo a nada. Frente a Adrián, ni siquiera Olivia podía competir con ella, mucho menos una empleada doméstica. A fin de cuentas, ella casi había matado a Olivia y Adrián seguía de su lado.
Con eso en mente, se le iluminó la cara de alegría, y en ese momento terminó de sacar el vestido Estelar de Noche de Olivia.
—¡Wow, qué vestido tan precioso! ¿Es un regalo para mí? —exclamó maravillada.
—Eso... —Adrián le echó un vistazo—. Es de Olivia.
—Olivia... —Paulina giró los ojos con astucia—. Adri, mira, necesito ir a un evento de beneficencia. Me van a llevar Beto y tú. No tengo vestido de gala, ¿me lo prestas?
Adrián puso cara de incomodidad.
—¿Por qué ese precisamente? Está hecho a la medida de Olivia, puede que no te quede. Mejor te llevo a comprar uno. Es solo un vestido de un atelier nacional; ¿no sería mejor uno de una marca más reconocida?
—¡No quiero! —Paulina levantó el vestido y se lo midió una y otra vez contra el cuerpo—. Tú no sabes, ¿no sabes lo famoso que es Atelier Vega? El diseñador estudió en Inglaterra, trabajó en las casas que mencionas y después abrió su propio estudio de alta costura a la medida. Ya es famoso hasta en el extranjero. Muchas estrellas le encargan diseños para las alfombras rojas, y aun así es casi imposible conseguir una cita.
—¿En serio? —Adrián no había prestado atención al mundo de la moda desde que Olivia se había encargado de su ropa, cinco años atrás.
—¡Sí! Adri, dámelo... Déjame probármelo; si me queda, me lo das, ¿sí? —Sin esperar respuesta, tomó el vestido y se fue al baño de visitas.
Cuando salió, no estaba nada contenta: el vestido le quedaba chico.
Al cierre lateral le faltaban unos cinco centímetros para cerrar.
—Adri... —dijo indignada—. ¿Qué hago? ¡Yo quiero un vestido de Atelier Vega!
—Pues manda a hacer uno nuevo —dijo Adrián.
A Paulina se le iluminaron los ojos.
—¿Vamos ahora?

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