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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 344

Capítulo 344 Nico sintió que el regaño le había salpicado a Adrián y, bastante apenado, jaló a Celeste de la manga.

—Amor...

—¿Para qué me jalas? ¡Tú también eres de lo peor! — Celeste recordó todo lo que él había hecho por Paulina y le hirvió la sangre.

—Yo... —Paulina se tapó la boca con las manos mientras las lágrimas rodaban a borbotones por su cara—. Lo hice de buena fe, solo quería ayudarlos...

Los dueños de algunas empresas pequeñas que estaban mirando el espectáculo se quedaron asombrados. ¿Qué estaba pasando? ¿Sería que Adrián, el primo de Rossi, ya ni siquiera podía conseguir un acuerdo de colaboración? Ellos que se habían quedado esperando la oportunidad de acercarse a hacer contacto... ¿y lo único que habían presenciado era una pelea?

—Señor Vargas, señor Vargas, ¿qué fue todo eso...? — Alguien no pudo contenerse y se acercó a preguntarle a Adrián, que seguía petrificado.

Él reaccionó como si despertara de un sueño.

Beto no soportaba tanta vergüenza. Se acercó a los empresarios que estaban alrededor y les explicó:

—No es nada, el señor Vargas tuvo un pequeño desacuerdo con su esposa, nada más. Las parejas discuten, es normal, ¿no? En cuanto le pida disculpas, todo se arreglará.

Los empresarios asintieron sin vacilar. Claro, una disculpa por la noche al llegar a casa y listo; ¿qué matrimonio no tiene sus riñas?

Esa propuesta le dio una idea a Beto. Miró a Renata y a Celeste y suavizó la voz considerablemente.

—Solo ustedes pueden ayudarnos.

—¿Y eso qué quiere decir? —Celeste suspiró.

—De nosotros, Olivia no quiere saber nada. Solo mi esposa y tú no están en su lista negra —dijo Beto—.

Vayan a hablar con ella. Que peleen lo que quieran, pero los negocios no se pueden descuidar. Ella y Adri siguen siendo esposos, después de todo. ¿Cómo va a dejar que la alianza se vaya a otra empresa?

Celeste rio, burlona.

—¡Yo no tengo tanto descaro!

Dicho esto, se dio la vuelta y se fue. Volteó a ver a Nico, que seguía plantado sin reaccionar, y le gritó:

—Ella dijo que quiere una disculpa.

—No me fastidies... —Beto miró de reojo a Paulina, que ya estaba deshecha en llanto—. ¿Cómo se te ocurre pedirle a Pau que se disculpe? ¿Qué hizo mal?

Tú eres la esposa del vicepresidente, disfrutas de las ganancias de la empresa. ¿Ni siquiera puedes ir a hacer un poco de relaciones públicas por el negocio?

Tras un breve silencio, Renata se dio la vuelta y caminó hacia donde estaba Olivia.

—Espera. —Adrián la detuvo—. Voy yo. Este asunto es mío y la culpa también.

Adrián avanzó despacio hacia Olivia, que estaba rodeada de gente. Ella permanecía junto a Santiago, sonriendo y conversando con soltura con cada persona que se le acercaba a saludar. Elegante, segura, enfundada en su vestido rojo, parecía una flor de peonía en pleno esplendor, una belleza que él jamás le había conocido.

—Olivia. —Llegó con discreción a su lado.

Ella lo miró un instante, asintió con una sonrisa cortés, idéntica a la que le dedicaba a cualquier desconocido.

—Esta noche estás... muy hermosa. —Adrián, por primera vez en mucho tiempo, sintió que el pulso se le aceleraba y no encontraba las palabras.

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