Capítulo 348 —¿Qué?
—Parece que quieren que todos salgan perdiendo — dijo Santiago—. Igual, ya no van a conseguir mi colaboración, así que mejor que nadie salga bien librado, ¿esa es la lógica?
Olivia, desde luego, no entendía esa lógica.
—Yo tenía mis reservas por ti, en serio quería que esta fuera una velada elegante, pero si ellos insisten en actuar sin ninguna elegancia y tú no te sientes mal por eso, pues que se salgan con la suya. —Santiago la miró desde arriba—. ¿Estás segura de que no te afecta?
Quedar en ridículo, desde luego que no; los que quedarían en ridículo serían el infiel y su cómplice. Lo único que le preocupaba era herir a Olivia.
¡Adrián, desgraciado!
Olivia negó con calma.
—Santiago, ve. Además, llévate mi celular; acabo de organizar una carpeta con archivos que te van a servir.
Le pasó el teléfono a su primo. Santiago se fue un momento y volvió enseguida para devolvérselo.
Después, la pantalla gigante del salón de banquetes cobró vida.
Era el video editado.
Proyectado en la pantalla grande, el nivel de edición se notaba aún más impresionante: la arrogancia y la grosería de Olivia quedaban exageradas hasta el extremo, mientras que la fragilidad desvalida de Paulina se exhibía con todo dramatismo.
Cuando ocurrió el incidente de la cachetada, no todos lo habían presenciado. La versión iba pasando de boca en boca y la gente tenía una idea aproximada de lo que había sucedido, pero al ver ese video no pudieron evitar dudar: ¿será que los rumores estaban equivocados? ¿Se había distorsionado la realidad? Lo que mostraba la pantalla era lo contrario de lo que acababan de escuchar.
Pero nadie tomó postura; por el momento, se limitaban a observar como si fuera un espectáculo.
Entonces, alguien gritó:
—¡Un privilegiado tan arrogante no es bienvenido en Altabrisa! ¡Que no venga a invertir ni a hacer negocios aquí!
El grito apenas provocó murmullos tenues entre los asistentes; nadie lo secundó.
Sin embargo, como si respondiera a ese alarido, la pantalla cambió a las tendencias. Cada publicación compartida por las cuentas de rumores, cada insulto y cada comentario debajo de las publicaciones aparecieron proyectados en la pantalla gigante.
Detrás de las tendencias había alguien moviendo los hilos. Ese tipo de artimañas todos las conocían de sobra.

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