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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 477

Pero por más que miró a su alrededor varias veces, no encontró a nadie más.

Quizá estaba imaginando cosas.

*** Era un fin de semana. Fue al Centro Herbal San Rafael a su sesión de rehabilitación, como de costumbre.

Entre idas y venidas, sin que se diera cuenta, la rehabilitación ya llevaba casi un año, y los resultados eran buenos. Como no había pérdida ósea, el tratamiento estaba funcionando. Aunque aún.no recuperaba el nivel de su época dorada como bailarina, su cojera era casi imperceptible al caminar y podía bailar, siempre que evitara los movimientos más complejos.

Julián la acompañó, como siempre. En la clínica ya todos eran viejos conocidos: el primer equipo médico que Santiago contrató con un sueldo generoso. Les había prometido que si no se adaptaban podían rescindir el contrato en cualquier momento, bastaba con avisar. Pero resultó que todos se sentían a gusto y pensaban renovar.

Al entrar, vio que sobre la mesa de la sala de espera había postres. Últimamente, la clínica siempre tenía postres para todos: a veces galletas, otras, pastelillos;

incluso había visto mazapanes, palanquetas y alegrías, entre otros dulces. Ella pensaba que las chicas de la clínica horneaban por pasatiempo y los Ilevaban. Estaban deliciosos.

Ese día, entre los postres, había pastel de piña casero. Le encantaba, así que se comió varias rebanadas.

Terminó la sesión de rehabilitación y por la tarde fue a la sala de ensayos de la escuela, donde practicó toda la tarde sin parar. Al terminar, las alumnas se cambiaron de ropa y se quedaron comiendo pastel de piña.

—El mismo pastel de piña... —Olivia notó que se parecía mucho al de la clínica; hasta el papel del envoltorio era igual.

Las alumnas creyeron que las estaba regañando por comer dulces y lo escondieron a toda prisa.

—Maestra, solo nos comimos uno, no vamos a servirnos más.

Como era asistente de la clase de licenciatura, las alumnas la llamaban maestra.

—No me refería a eso... —Olivia rio—. ¿De dónde sacaron ese pastel de piña?

—Lo compramos. —La alumna, aliviada, le ofreció uno —. Pruebe, está buenísimo.

—¿Dónde lo compraron? —Revisó el envoltorio y confirmó que era igual al de la clínica.

—A dos cuadras de la escuela, abrieron una pastelería nueva.

En fin, se le olvidaba que su familia sí era de magnates.

La pastelería que mencionaron las alumnas estaba en una esquina, era imposible no verla, tenía una decoración de lo más llamativa. Estaba hecha como la casita de galletas de los cuentos de hadas: la puerta, las paredes y los aleros, todo simulaba ser de galleta;

las ventanas, de chocolate. Adentro, el mostrador y las mesas también tenían forma de postres: el mostrador parecía un pastel, las mesas eran donas.

Era un cuento de hadas hecho realidad. Lo único sencillo era el nombre: se llamaba "La Casita de Galletas".

Dentro solo había una chica rubia con un adorable broche de galleta en el cabello; los recibió con entusiasmo y les dio la bienvenida.

Olivia quedó maravillada.

—Tu tienda es preciosa, la decoración es de lo más linda.

—Sí —respondió la chica con una sonrisa—. La diseñó mi novio. Me encanta este estilo de cuento de hadas.

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