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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 356

Sin embargo, en cuanto al patrimonio, Adrián sí

presentó una objeción: no solo quería que Olivia conservara las acciones que ya tenía, sino darle más.

La idea de Adrián era que, sin importar que ella tuviera el apoyo de Santiago y Lorena, no era lo mismo que tener algo propio. Aunque se separaran, él quería que Olivia viviera sin preocupaciones económicas el resto de su vida.

Olivia lo pensó un momento.

—También puede ser. Pero que se liquiden: todas, a valor de mercado.

—¿No es mejor quedarte con las acciones? —Adrián sonrió, apesadumbrado—. Cada año hay dividendos, es un ingreso a largo plazo.

—No—dijo Olivia—. No me gusta dejar cabos sueltos ni quiero seguir teniendo nada que ver contigo.

Rápido y limpio, y que no nos volvamos a ver en la vida. Además, ¿y si tu empresa quiebra?

Adrián apenas pudo sostener la sonrisa. Hasta la voz le temblaba.

—¿Por qué tan tajante con eso de no volver a vernos nunca? Al menos seguimos siendo excompañeros de preparatoria, vivimos en la misma ciudad... quizá

algún día nos crucemos por casualidad.

"¡Ojalá que no!", pensó Olivia.

—Ya, deja de hablar tanto —dijo, preparándose para irse con Santiago—. Ah, y el dinero que después le diste a Paulina, lo pasaré por alto. Y como ya nos divorciamos, el contrato queda anulado. De ahora en adelante cásate con quien quieras, puedes ir a casarte con tu adorada Pau.

—Yo nunca... —Adrián no terminó la frase. Olivia ya se había tomado del brazo de Santiago y se alejaba a paso rápido hacia el auto.

La vio subir. Vio a Santiago arrancar y perderse a lo lejos. Entonces murmuró, terminando lo que no pudo decir:

—Yo nunca pensé en casarme con Pau.

Pero Olivia ya no podía escucharlo.

Y aunque lo hubiera escuchado, ¿qué habría cambiado?

*** El celular le sonó en ese momento. Era Nico.

—Adri, ¿dónde están? ¿Cómo es que no encuentro a nadie? —preguntó Nico con urgencia al otro lado de la línea.

—"¿Están?" —Adrián tenía la mente en blanco; no entendía a quiénes se refería.

Como siempre, se estacionó en su lugar asignado en el sótano del edificio corporativo. Pero apenas bajó

del auto, un grupo de personas lo señaló.

—¡Oigan, es él! ¡El que salió anoche en las tendencias! i El dueño de la empresa del piso A, Adrián!

—¿El infiel?

—¡Sí, ese mismo!

—¿Qué esperan? ¡Vamos!

De la nada, le cayó encima un puñado de basura. Eran desconocidos, gente que no había visto en su vida.

Habían sacado todo del bote de basura junto a los cajones de estacionamiento y se lo arrojaban.

El hedor lo envolvió.

—Oigan... —Apenas abrió la boca, algo pestilente le cayó en los labios. No supo qué fue lo que le entró, pero el olor era insoportable. Se agarró de una columna y empezó a sentir ganas de vomitar.

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