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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 357

Esa gente llegó rápido y se fue más rápido todavía.

En un parpadeo solo quedó Adrián, apoyado contra el bote de basura junto al auto, con el estómago revuelto y sin poder vomitar.

La señora de la limpieza del estacionamiento salió y, al ver todo el desastre en el piso, le soltó una ráfaga de insultos:

—¡Mira nada más, todo bien vestidito y haciendo estas porquerías! ¿No tienes nada mejor que hacer que estar jugando con la basura? ¡Tú eres basura! ¿Por qué no te tiras a ti mismo al contenedor?

Y mientras barría, le encajó un escobazo en el pie.

Adrián no podía ni defenderse. Tragándose las arcadas, le quitó la escoba de las manos.

—Disculpe... agh... señora... yo lo hago... yo barro...

agh...

—¡Pues, más te vale que quede bien limpio! ¡Y después lavas el piso! —La señora no tuvo la menor consideración con él.

Detrás de la pared, en otro recodo del estacionamiento, los que estaban escondidos se miraron entre sí, asintieron y se marcharon. Habían pensado quedarse a limpiar la basura cuando Adrián se fuera, pero ya que él mismo se estaba encargando, lo dejaron así.

¡Total, era justo ahí donde debía estar: con la basura!

En esas condiciones era imposible que Adrián se presentara en la oficina. Terminó de limpiar, se subió

al auto y se fue a casa. Se metió a bañar otra vez y después se sentó en una silla, con la mirada perdida.

Era la silla donde Olivia solía sentarse.

Se sentaba ahí a ver series, a leer. Ah, sí, y seguramente también a estudiar inglés.

Sobre el escritorio todavía estaban sus cosas: un portalápices con bolígrafos, varios libros que ella había estado leyendo, de historia del arte.

Abrió el cajón. También estaba lleno de libros. Sacó

uno: era un libro de preparación para el examen de inglés.

Recordaba que a Olivia no se le daba bien el inglés.

Era de artes; según lo que él tenía entendido, sus calificaciones en la preparatoria nunca habían sido buenas. La vez anterior que hojeó su libro de examen, las respuestas tenían muchos errores.

Lo abrió al azar y quedó asombrado: la puntuación de comprensión lectora ya marcaba un siete.

Cada palabra fue como una puñalada.

"Ya no quiero a este tipo..."

Entonces, desde aquel momento, ella ya quería divorciarse de él...

Cada vez que Olivia dijo que quería el divorcio fue en serio. No era una estrategia para retenerlo, ni una táctica para sacar a Paulina de sus vidas. Era un hecho: quería dejarlo.

Siguió leyendo. A lo largo de esos veintitantos días previos a su viaje a Europa, Olivia había registrado cada cosa que para él no era más que una nimiedad, y con cada día que pasaba, algo en ella se apagaba.

Agachó la cabeza y apoyó la frente sobre la libreta.

Le ardían los ojos.

Si en esos veintitantos días él se hubiera puesto en su lugar, aunque fuera un par de veces, si hubiera pensado en ella aunque fuera un momento, tal vez todavía habría tenido oportunidad de arreglar las cosas. Pero no lo hizo.

Se fue derecho por el camino equivocado, sin detenerse, hasta que la ruptura entre los dos fue irreparable.

Siempre creyó que Olivia jamás lo dejaría, que jamás se iría de esa casa; por eso se atrevió a poner en primer lugar a Paulina una y otra vez.

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