—¿En serio? ¿Será que lo recuerdo mal? —Nico lo pensó un momento, confundido—. No puede ser...
—Déjame buscar. —Beto abrió la conversación entre Nico y Celeste, buscó rápido y encontró una captura de pantalla. La borró sin dudarlo y le devolvió el teléfono—. Mira, no hay nada.
Pero si Beto lo decía, tenía que haber una razón.
Seguramente era por el bien de Adrián. Así que, bueno, si no estaba, pues no estaba...
—Tal vez lo recordé mal... —murmuró Nico con el teléfono en la mano.
Adrián dejó de prestarles atención y se puso de pie, listo para irse.
—¿A dónde vas? —le preguntó Beto.
Adrián no sabía a dónde ir. Tenía que admitirlo:
durante los últimos cinco años, no había tenido muchas ganas de volver a casa.
Al principio, recién casado, le daba miedo llegar a casa y enfrentar a Olivia. Le aterraba ese amor desbordante que ella le profesaba, y más aún le aterraba ver su pie lastimado. La culpa y el remordimiento eran como un bloque de concreto sobre su pecho, una carga tan aplastante que ni siquiera podía tener intimidad con ella. No era que no quisiera; era que cada vez que veía su pie, la culpa lo arrasaba y le resultaba imposible continuar.
Y eso se volvió una espiral sin fin: cuanta más presión sentía, menos podía; y cuanto menos podía, más presión acumulaba...
Hasta había consultado a un psicólogo, sin mayor resultado.
Con el tiempo, cada vez le costaba más volver a casa y siempre terminaba posponiendo el regreso hasta la madrugada. Excusas le sobraban: reuniones con amigos, cenas con clientes, y sobre todo, trabajo. En realidad, la mayor parte del tiempo sí estaba trabajando, con frecuencia solo en la oficina hasta altas horas de la noche.
Pero sin importar lo tarde que fuera, en su interior siempre había una dirección clara: su casa. Ya fuera por deber o por cualquier motivo, volver cada noche era algo tan rutinario como su trabajo.
Y ahora la casa seguía ahí, pero él ya no sabía a dónde ir al salir de la oficina.
—Ya no sigo con ustedes, me esperan para cenar.
—Vamos. —Beto jaló a Adrián.
—¿A dónde? —Adrián apartó la mirada.
—¡A pasarla bien! A tomar algo, y de paso invitamos a unas chicas a cantar.
Adrián se zafó.
—No voy.
—¡No seas santurrón! —le dijo Beto—. Antes, cuando estaba Olivia, no querías ir a esos lugares. Ahora que ya te divorciaste, ¿tampoco? ¿Para qué tanto esfuerzo? ¿Para qué se gana el dinero? Para darse la buena vida. Si no, ¿de qué sirve tenerlo? ¿Para contarlo nada más?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)
He leído hasta el capítulo 516. Vamos por partes: La historia está muy bien: representa una situación complicada donde, aunque no hubo daño físico si lo hubo emocional. Los personajes ofrecen un buen arco y la narrativa, aunque con muchas deficiencias, es buena. Sin embargo, desde hace varios capítulos (desde que Adrian comenzó un viacruxis para recuperar a Olicia y ella comenzó su relación con Julián), los personajes están perdidiendo fondo. Es decir, en vez de evolucionar, ahora son bipolares. Cambiando su personalidad sin un puente: Adrian ahora es sumiso, nadie que tuviera ese grado de control que él ostenta podía soltarlo con fácilidad. Ni siquiera por el hecho de haberlo perdido todo. Eso solo alimenta las ganas de volver a obtener todo. Julian, el héroe y salvador, el compasivo y empático ahora es la versión masculina de Paulina: manipulador, narcisista y celoso. Eso no es evolución, eso es bipolaridad y le resta mucho a la trama. Si con la deficiencia narrativa que ya arrastra, donde no hay cámara que fluya con naturalidad; donde las escenas y los "reencuentros" suenan forzados. Donde el subtexto se pierde y comienzan las incoherencia. Le agregamos este cambio drástico de los personajes, la mento decir que el todo se vuelve, además de monótono (continúamente se repite los 5 años de matrimonio), imposible de leer. Pierde el enfoque (ahora resulta que todo girará alrededor de una piedra? Alrededor del hecho de que luego descubrirán que Leonardo fue otra víctima de Paulina? Alrededor de que Adrian siempre estuvo enamorado de Olivia?), pierde la belleza narrativa y la cruel realidad que se manejó en los primero capítulos. Pierde el contexto y la subtrama. Pierde, en resumen, todo. Parecía una buena historia, pero llegados a este punto, la verdad aburre. Es como si la autora hubiera solo deseado alargar todo sin una coherencia, introduciendo nuevos personajes y elementos que compiten con los primeros capítulos. En resumen, o bien edita y deja que las cosas sigan fluyendo con naturalidad, sin forzarlas, sin querer que los reencuentros entre Adrian y Oliva sigan sucediéndose de esa forma antinatural. Sin cambiar la personalidad de Julian e incluso borrando a los otros personajes (Paulina) y otorgándoles un "final" decente, por así decirlo. O bien, divide la novela y saca dos títulos diferentes. Pero esta amalgama que hizo realmente le resta mucho a lo que ya llevaba en los capítulos anteriores. Es una lástima....
Me atrapó desde la primera línea. Increíble es! Pero... Cerca del 620 al 670 aproximadamente es un largo sueño! Fue todo muy raro, no hacía falta 😔...
ES UNA NOVELA MUY BONITA PERO FINAL TRISTE. LA DISFRUTE, ME CAPTURO DESDE EL PRINCIPIO.ALGUNOS CAPITULOS NO LOS COMPRENDI, PERO ESTA INTERESANTE....
Excelente historia...
Cualtos faltan y hasta cuando suben los restantes ?...
Atrapante...