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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 408

Beto se limitó a reírse con burla, sin responder.

—Renata presentó una demanda de divorcio —le comentó Nico en voz baja.

—¡Mira nada más, ya se siente muy valiente! —estalló

Beto—. ¿Cree que porque la primera demanda no prosperó ya me tiene en sus manos? Que esté

tranquila, en la audiencia voy a aceptar el divorcio. ¡A ver qué hace entonces!

—No seas así —Nico intentó calmarlo—, Renata es buena persona...

—¿Una buena persona anda amenazando con divorciarse a cada rato? ¡Ni siquiera se fija en quién le paga todo lo que come y lo que usa! Con el dinero que reparto fuera, cualquier mujer me llamaría "papi" con una sonrisa. Y a ella le doy dinero y ni una buena cara recibo; yo tenía que soportar esa expresión de amargada que trae todo el santo día. ¡Ni que estuviera de luto por mí! —Beto se quejó—. Ya, basta.i Vamos a preparar la junta!

La junta se extendió toda la tarde.

El mayor problema que enfrentaba la empresa de Adrián era que desde el año anterior habían expandido operaciones a un nuevo sector, y ese sector dependía de los ingresos del negocio original para mantenerse a flote. Si la rentabilidad del negocio original se reducía, la nueva división recibiría un golpe brutal, y lo peor era que ya habían invertido una cantidad enorme de dinero en ella.

Para colmo, tanto su nuevo emprendimiento como el anterior entraban en conflicto directo con los intereses de Santiago. Ahora no solo el desarrollo del nuevo sector estaba amenazado, sino que el negocio original también pintaba bastante mal.

La pregunta era: ¿qué hacer?

Se pasaron toda la tarde discutiendo si debían cortar de tajo la nueva división y concentrarse en lo que ya conocían, pero no lograron ponerse de acuerdo.

Al final, la junta de accionistas se disolvió, y solo quedaron los tres sentados en la sala de reuniones.

—Adri, ¿por qué mejor no vas tú? —Nico le suplicó, mirándolo con ojos de esperanza—. Ve a buscar a Santiago, ve a buscar a Olivia, pídele el favor, por los años que fueron esposos.

Adrián se apretó el puente de la nariz. Santiago probablemente lo quería ver muerto. Hizo un gesto con la mano, desestimándolo.

—Vámonos ya.

Dicho eso, salió a prisa de la sala de reuniones.

Nico no se atrevió a decir nada más.

En realidad, él no creía en esas supersticiones. Antes, cuando Beto insistía con ese discurso, Nico lo dėjaba hablar y de vez en cuando le seguía la corriente, nada más. Pero últimamente la empresa tenía muchos problemas, los tres andaban metidos en líos personales, y Cele no paraba de repetirle al oído todas esas teorías esotéricas: que la empresa estaba salada por culpa de los enredos amorosos de Adrián.

—¡Maldito Nico! ¡Y yo que me preocupé por ustedes porque la junta fue agotadora, les traje almuerzo al mediodía y ahora que terminaron les traje la cena! ¿Y así me lo pagas? —Paulina, furiosa, arrojó con fuerza la bolsa de comida.

Los recipientes se desparramaron sobre la mesa y la comida se derramó por todos lados.

Paulina dio media vuelta y se fue hecha una furia.

Había llegado en taxi, empeñada en aprovechar que Adrián no tenía a nadie que lo atendiera para ganárselo con atenciones y conmoverlo. Pero al mediodía se encontró con su indiferencia, y por la tarde ni siquiera lo vio. Sentía que desde que se embarazó no había hecho más que sufrir humillaciones. Tomó un taxi y se fue a su casa.

Cuando bajó del auto y se disponía a entrar al fraccionamiento, una bicicleta de renta pasó

rozándola y el ciclista le arrojó un sobre al regazo.

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