Entrar Via

Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 436

Beto sintió un escalofrío: "¿Qué está pasando?"

Miró a Paulina y vio que también estaba pálida.

"¡Esa estúpida!"

La maldijo por dentro.

La grabación seguía:

—Si me quieres ver la cara con algún truco, tu hija va a acabar muy mal. ¿El celular? ¡Dámelo! ¡Apágalo! Ni se te ocurra grabar nada. Escúchame bien: aquí tengo un paquete con un polvo. Lo pones en la comida o en el agua, me da igual, pero te aseguras de que Olivia y el joven Rossi lo ingieran. Si lo logras, te doy quinientos mil dólares. Además, les tramito la salida del país a ti y a tu hija, la mando a estudiar al extranjero, lejos de tu exmarido, donde nunca las encuentre.

—Pero... ¿qué es ese polvo? ¿Qué les va a pasar?

—Ja, si lo toman, o se mueren o quedan en coma para siempre. Y si también quieres acabar con todo, pues muérete con ellos; yo me encargo de tu hija.

—Señorita Paulina, solo soy una empleada doméstica, no puedo hacer algo así... Me da miedo...

—¿Miedo? ¿Te da más miedo que vaya a buscar a tu hija a su colegio? No me salgas con trucos, de nada sirve cambiarla de escuela. Adonde la mandes, la encontraré. No querrás que le pase algo, ¿verdad?

Eso sí, no le voy a hacer nada grave: solo voy a mandar a unos niños a que la molesten, todos los días.

Después se escuchó el llanto de Rosa.

—¡No me llores! Tus jefes todavía no se mueren y ya estás de luto. Ya habrá tiempo para llorar cuando estén muertos. Y otra cosa: si la policía llega a investigar, te echas la culpa. Invéntate un motivo para el envenenamiento, pero a mí no me metas. Quédate tranquila, si te encierran, los quinientos mil dólares se los doy a tu hija, y de todas formas la mando a estudiar afuera.

Los presentes escuchaban la grabación con la mirada fija y los ojos desorbitados. Aún había más:

—Pero si me delatas, no se te olvide que tú pusiste el veneno, tú eres la asesina, vas a caer igual; lo único que cambia es que caigo yo también. Y entonces tu hija se queda sin nada, sin nadie que la cuide, y quién sabe si un día aparece muerta en algún descampado.

Pero antes iba a encargarse de Rosa, esa traidora. ¡La había delatado!

Miró a Beto sentado en su lugar, boquiabierto. Eso la convenció aún más de que debía irse: conociéndolo, que no le importaba nadie, en cuanto reaccionara, iba a ser el primero en ir contra ella.

Se encogió entre la multitud, se agachó para ocultarse y empezó a retroceder hacia la salida, rápida y sigilosa.

Pero no pudo salir.

Los guardias de seguridad custodiaban la puerta y no la dejaron pasar. Para colmo, venían entrando varios policías.

Las piernas le temblaron. Se aferró con una mano a la manga de un guardia y con la otra se sujetó el vientre, Ilorando en voz baja.

—Por favor, déjeme salir. Estoy embarazada, me duele mucho el vientre, por favor...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)