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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 438

Paulina por fin cerró la boca, tenía los ojos llenos de lágrimas, con la mirada suplicándole a Beto: "Tienes que sacarme de esta".

Él respiró con alivio por un momento.

Pero la policía no se fue.

Y el revuelo ya había atraído la atención de demasiados periodistas reales. Una grabación tan contundente superaba con creces el interés noticioso de la propia conferencia de prensa del Corporativo Rossi. Como la transmisión era en vivo para toda la red, internet ya estaba ardiendo. Los periodistas se abalanzaron hacia Beto y Paulina buscando información de primera mano para aprovechar la primera ola de tráfico en línea.

—Señor Bravo, señor Bravo, ¿podría explicar qué está

pasando?

—Señor Bravo, ¿es cierto que la señorita Castillo, por un amor obsesivo, envenenó a la familia de la esposa del señor Vargas?

—¿Cómo se encuentra ahora la familia del señor Rossi?

—El señor Vargas tampoco vino hoy. ¿Él también fue envenenado?

Preguntas de todo tipo; los micrófonos de los reporteros casi le tocaban la boca a Beto. La cantidad de gente era tal que la situación se descontroló por un momento, y hasta los policías quedaron arrinconados entre el tumulto. Alguien incluso acercó

un micrófono a Paulina.

—Señorita Castillo, ¿por qué le ordenó a la empleada doméstica envenenar a la familia del señor Rossi?

—¿Usted y el señor Vargas están juntos ahora?

—¿Sabe por qué el señor Vargas no vino hoy?

Paulina estaba hecha un lío, no sabía cómo responder y solo miraba a Beto una y otra vez.

Beto, temiendo que ella dijera algo indebido, interceptó las preguntas de los reporteros:

—La verdad detrás de todo esto... nosotros confiamos plenamente en la policía. Nuestros oficiales no van a culpar a un inocente ni van a dejar libre a un culpable.

—Entonces, señor Bravo, ¿qué quiere decir con eso??

Que la señorita Castillo es inocente?

—Señor Vargas, en internet dicen que usted fue envenenado. Parece que no es cierto. ¿Qué opina de ese rumor?

—Señor Vargas, ¿cómo se encuentra actualmente la familia de su esposa?

—Señor Vargas...

Un desfile vertiginoso de micrófonos y una avalancha de preguntas, todo se volcó hacia Adrián. No respondió a ninguna; solo pidió con cortesía que le abrieran paso. Poco a poco avanzó hacia el interior del salón y se dirigió al estrado.

—Señor Quiroga, disculpe la interrupción. ¿Podría prestarme el micrófono? —pidió Adrián con humildad al subir al escenario.

El moderador le entregó el micrófono.

Así, la atención de los medios volvió al estrado. Las cámaras apuntaron a Adrián y los flashes no pararon.

—Una disculpa a todos los presentes. Hoy debería ser un gran día para el Corporativo Rossi, pero por mi causa les he traído tantos inconvenientes y he retrasado el avance de la conferencia. Sin embargo...

—Adrián hizo una pausa y miró hacia la entrada, donde Beto y Paulina lo observaban con pánico—, hay ciertas cosas que considero necesario aclarar. Sobre todo, después de que el señor Quiroga reprodujo esa grabación. Yo también tengo aquí una grabación y un video de las cámaras de vigilancia. Veámoslos juntos.

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