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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 447

Olivia miraba a Julián con los ojos como platos.

Julián, al fin, percibió algo extraño en esa mirada y fue borrando la sonrisa, con cautela.

Fiorella le hizo una mueca a su hermano y se ganó un coscorrón.

Él, con las manos llenas de harina, le embadurnó la frente a Fiorella y se la dejó blanca. Olivia los observó

pelear entre risas y sonrió, aunque no pudo evitar pensar en Mateo. Con su familia nunca tuvo momentos así de entrañables.

Pero ahora tenía a Santiago, un primo mejor que cualquier hermano.

Julián, al verla sonreír, se acercó con gesto conciliador para disculparse:

—Perdón, Olivia. No te avisé antes porque...

Ni él mismo sabía bien por qué. Seguramente porque tenía miedo de que se enojara.

—No es nada. Es tu decisión, no tenías por qué

avisarme —dijo Olivia. Lo que no quería era que su decisión hubiera sido por ella; eso le pesaría demasiado en la conciencia.

Era como cargar, sin razón alguna, con el futuro y la vida de otra persona. ¡Qué responsabilidad tan enorme!

Pero Julián se apresuró a decir:

—En realidad no vine por ningún motivo especial.

Cuando me gradué ya tenía la idea de estudiar en el extranjero, pero mi papá no quiso; insistía en que volviera a hacerme cargo del negocio familiar. A mí no me gusta el mundo de los negocios, así que me fui a bailar a Altabrisa. Mi papá vio que estaba decidido y, como además Fiorella también vendría, al final cedió.

Julián terminó de hablar, entrecerró los ojos con una sonrisa y añadió:

—De ahora en adelante somos vecinos, jasí que vas a tener que estar muy pendiente de mí!

¿Qué más podía decir Olivia? Si él juraba y perjuraba que no había ido por ella, ¿iba a obligarlo a admitirlo?

Se subió las mangas.

—Está bien. ¿Necesitan ayuda con algo?

—No, no, para nada. Tú y Fiorella solo siéntense a esperar la cena —respondió Julián, y volvió a la cocina.

Fiorella se acercó de nuevo a Olivia y le dijo:

Olivia no supo qué decir. ¿Eso también se comparaba?

Fiorella abrazó a Olivia por la cintura, apoyó la cabeza en su hombro y provocó a su hermano.

—¿Cómo va a ser lo mismo? Tú eres un sujeto apestoso; yo soy frágil y huelo a flores.

—Lo que eres es una ingrata. Yo cocinándote todo esto y nunca me ayudas —protestó Julián con fingido reproche mientras ponía los platos en la mesa.

Olivia miró el plato principal y se rio.

—¿Tú lo hiciste? ¿No lo compraste?

—¡Por supuesto que preparé todol Hasta me saltó

aceite en la cara, mira. —Julián acercó su cara para que viera.

En efecto, tenía unas diminutas marcas rojas.

Olivia estaba a punto de decir algo sobre la culpa que sentía cuando Fiorella empujó la cara de su hermano y le dijo:

—¡Ay, ya! Ni se te nota. Además, para cuando logres que Olivia te voltee a ver, ya vas a tener hasta arrugas.

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