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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 453

—¿Quién? ¿La conozco?—Antes, Renata no tenía el menor interés en conocer a las mujeres que Beto tenía por fuera.

Celeste asintió.

—Paulina. Tenía miedo de que te afectara, por eso no quería decirte.

Renata se quedó en blanco un momento y enseguida se relajó. Asintió.

—Pues fíjate que hacen buena pareja.

—¿Eh? —Una noticia tan fuerte y eso era todo lo que tenía que decir.

—¿O no es así? —Renata rio—. Dos personas de lo peor que se juntan. ¡Son tal para cual!

—Pensándolo bien, sí... —Celeste también rio—.

Aunque creo que ese bebé no va a nacer. ¿Crees que no conozco a Paulina? A ella solo importan los beneficios. Antes le colgó ese hijo a Adrián; el pobre vivía en el paraíso de los tontos. Ahora que todo salió

a la luz y Beto está preso, ¿de qué le sirve tener a esa criatura?

—Sí... —Renata coincidió—. Pero bueno, lo que hagan ellos ya no es asunto nuestro. Que la gente podrida se pudra bien lejos.

*** Olivia, al otro lado del mundo, también se enteraba de algo de lo que pasaba en Altabrisa, porque Lorenzo le reportaba todo a Santiago. Cuando Olivia iba los fines de semana a casa de Lorena, alcanzaba a escuchar algo de vez en cuando, pero igual que Renata, ya no sentía nada; era como leer los rumores de la gente famosa en las páginas de chismes: a lo mucho se sorprendía un rato.

Santiago era rapidísimo para actuar. Tres meses después de que Olivia entrara a clases, la sede del Centro Herbal San Rafael ya estaba lista; incluso, para que le quedara más cómodo, la abrió cerca de su universidad.

—Depende de mi esfuerzo. Mientras haya una mínima esperanza, no quiero rendirme —respondió Olivia.

Sus compañeros se conmovieron, la abrazaron y le dieron ánimos.

Como todos sentían genuina curiosidad por la clínica, Olivia les dio una verdadera cátedra: les habló de los tratamientos para equilibrar el cuerpo, de las terapias para distintas enfermedades. Lo que más interés despertó fue la acupuntura y las ventosas.

—Eso lo conozco. Es una técnica milenaria; me topé con unos videos en internet sobre el tema —dijo un compañero.

Así que un día, cuando Olivia fue a la clínica, Edith se ofreció a acompañarla. Probó en carne propia aquella técnica milenaria y al volver lo describió con tanto entusiasmo que todos sintieron curiosidad y fueron a probar. Luego, cuando Olivia les habló de los remedios herbales y entendieron que eran infusiones de distintas hierbas y raíces, lo asociaron con pociones de hechiceros y brujos, y la fascinación creció todavía más.

Dolor de cabeza, fiebre, dolor de espalda o de piernas, cualquier molestia era excusa para ir a la clínica. El boca a boca corrió y la fama del lugar fue en aumento; los médicos y enfermeros empezaron a estar ocupadísimos. La clínica que Santiago abrió exclusivamente para Olivia, con el tiempo, comenzó a dar ganancias.

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