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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 745

No tenía ganas de lidiar con Itzel, así que salió a toda prisa a contestar la llamada.

—Santiago, ¿cuándo volviste? ¿Por qué no me dijiste?

—Llegué hoy —dijo Santiago al otro lado de la línea—. ¿Tienes tiempo para que te invite a comer?

Olivia sonrió.

—¡Claro que sí!

—Sal.

—¿Eh? —Olivia bajó las escaleras a toda prisa, celular en mano. ¿Ya estaba ahí?

Corrió hasta la salida del colegio y vio, enfrente, el auto de Santiago estacionado bajo la sombra de los árboles. La ventanilla bajó y dejó ver a Santiago de perfil, con facciones marcadas y una sonrisa apacible. Al verla salir, Santiago se bajó del auto.

Olivia se acercó trotando hasta quedar frente a él.

—Santiago, ¿por qué no vienes a comer a la casa?

Ella siempre se había sentido así de cercana a Santiago, con toda naturalidad, porque ella y su primo habían convivido durante años, en otra época y en otro lugar. Eran parientes de verdad.

—Me quedaba de paso y aproveché para conocer tu escuela. —Santiago sonrió y levantó la mano para acomodarle el flequillo que se le había despeinado al correr—. ¿Qué se te antoja?

—Comamos algo aquí cerca del colegio. Más tarde tengo tutorías. —Olivia lo pensó un momento—. Vamos por una parrillada. Detrás de mi escuela hay un restaurante buenísimo.

—Está bien. —A Santiago se le escapó una risita—. Mira nada más a la niña. No cualquiera consigue una invitación mía a comer, y todavía me pones horario.

Olivia se rio. Como el asador quedaba cerca, Santiago dejó el auto estacionado y fueron caminando. Mientras comían, Olivia se enteró del rumor que tenía revolucionado al colegio. Su primo era el que iba a donar el nuevo edificio a la escuela.

—¿Qué? —Olivia se sobresaltó tanto que hasta se le cayeron los cubiertos.

—¿Algún problema? —A Santiago le hizo gracia su reacción—. ¿O la señorita no lo aprueba?

—Se fueron a comer juntos. Ese sujeto se ve forrado en dinero y, por la edad… parece un playboy, un niño rico.

—Mira nada más, con razón se cree tanto. Ni Paulina ni Brenda le llegan.

Esos rumores volvieron a correr por todo el colegio.

La ceremonia de donación era al día siguiente. Desde temprano, la profesora encargada del consejo estudiantil fue a buscar a Olivia para decirle que, más tarde, durante la ceremonia, le tocaría entregarle las flores al donante.

—Está bien. —Olivia aceptó sin titubear, aunque la situación le daba mucha risa.

¿Le entregaría las flores a su primo? ¿Él ya lo sabía? Cuando terminó la formación, todos los profesores y alumnos ya estaban reunidos en la explanada. Olivia esperaba detrás del escenario. La profesora del consejo estudiantil ya le había dado las flores y le pedía que se preparara; la ceremonia estaba por empezar.

En ese momento, el prefecto irrumpió a toda prisa, con una expresión sombría. Miró a Olivia con dureza, arrugando la frente.

—Cambien a la que va a entregar las flores. —Le ordenó, sin esperar respuesta, a la profesora del consejo estudiantil, encargada del programa, que estaba a su lado.

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