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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 500

—Si te lo digo te vas a enojar más.

Olivia se señaló a sí misma.

—Ya estoy así de furiosa. Habla ya y esta vez con la verdad; al menos me voy a enterar de todo, y si me muero del coraje, que sea sabiendo por qué.

Adrián se rio con amargura. Abrió el localizador del celular y se lo mostró, señalando un dispositivo registrado como "pequeño Adri".

—Era un celular que le compré hace tiempo. Ella cambió de teléfono y dejó de usarlo, pero anoche ese celular se activó de pronto. En cuanto lo vi, llamé a la policía. Más tarde, el señor Quiroga me llamó para preguntar si sabía algo de ti. Sospeché que estaba relacionado con ese celular, así que lo rastreé hasta el puerto, y ahí encontré tu zapato.

Olivia ya no podía estar más enojada. En serio, ni un poco de enojo le quedaba; lo que sentía era pura ironía.

Lo miró con una sonrisa burlona.

—Qué sentimental resultó ser el señor Vargas. Ni siquiera un celular viejo y en desuso fue capaz de desvincular. ¿Qué, tenerlo vinculado era como tener a tu adorada Pau a tu lado?

—Lo conservé vinculado, pero no por eso. Es costumbre de trabajo: cualquier rastro, por mínimo que sea, lo guardo como evidencia para lo que pueda pasar en el futuro.

—Haz lo que quieras. —Olivia agitó la mano y le dio la espalda—. Tú y yo ya no tenemos nada que ver.

Guarda lo de quien te dé la gana; solo borra lo mío.

Nada más de pensar que todavía tengo algún rastro ahí me da asco.

Se alejó a paso firme. Adrián observó su figura sin decir nada más.

A unos pasos de ellos estaba Julián, quien sabe cuánto tiempo llevaba ahí parado. Ella también debió

verlo, porque de pronto echó a correr hacia él.

Julián sonrió en cuanto la vio. Corrió a su encuentro, la abrazó con fuerza y la levantó del piso; incluso le besó la frente y le susurró algo al oído. ¿Qué le diría?

*** Olivia llegó a casa y hasta Rosa respiró con alivio. Que no volviera en toda la noche la tuvo con el alma en un hilo, y ahora que la veía sana y salva se le enrojecieron los ojos.

—Estoy bien, Rosa. Perdón por preocuparte. —Olivia recordó algo de pronto—. Oye, tú tienes al señor Vargas agregado, ¿no? No lo borraste, ¿o sí?

Rosa se incomodó.

—Pues... yo...

—Tranquila, no tienes que dar explicaciones. Con quién mantengas contacto es asunto tuyo, no tienes por qué dejar de hacerlo por mi causa —se apresuró a decir Olivia—. Además, sé que lo de la escuela de la niña lo arregló él en su momento, y puede que más adelante todavía lo necesites.

—Seño... —Rosa se sintió culpable. Estuvo a punto de soltar un "señora" por la fuerza de cinco años de costumbre; a veces todavía no podía evitarlo, pero por suerte se acordó a tiempo y se contuvo.

—Ya, no le des más vueltas. Te pregunté porque necesito que me hagas un favor —dijo Olivia—.

Transfiere doscientos dólares al señor Vargas de mi parte; yo te los devuelvo después. Dile que son de mi parte; él sabe de qué se trata.

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