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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 532

Esa frase dejó a Olivia con la mente en blanco.

¿Que ella se reconcilió con Adrián? ¿De dónde sacaba eso?

—¿Ah, no? —Julián apretó los puños, dolido—. Esa noche yo no fui a recogerte, pero él sí, ¿o no? Y todavía andaban manoseándose en la entrada del jardín.

Ya lo sabía. Hablaba de esa noche cuando unos borrachos estuvieron a punto de ultrajarla, cuando Adrián la llevó de vuelta a la casa y le limpió la sangre de la cara. En la versión de Julián, eso se había convertido en un manoseo.

Después de todo lo que él mismo había inventado sobre ella, ya ni siquiera le quedaban fuerzas para enojarse. La rabia se transformó en algo más oscuro: terror.

Sentía que las atenciones que él le dedicaba eran como una serpiente que la acechaba desde la sombra, espiándola, vigilándola.

—Ahora solo me provocas miedo —dijo, y enseguida salió del camerino.

Él la siguió, pero en la puerta del camerino lo detuvieron Alan y otro guardaespaldas.

—¿Qué creen que hacen? —Vio cómo ella se alejaba y se enfureció—. Voy con mi novia, ¿con qué derecho me lo impiden?

—Disculpe, señor Reyes, solo cumplimos con nuestra obligación, seguimos órdenes. —Alan se mantuvo firme—. De aquí en adelante, no podrá acercarse a la señora Olivia.

—¿Órdenes de quién? ¿De Olivia? ¡Imposible! —Se puso más furioso.

—Del señor Rossi, naturalmente.

Le cambió el semblante.

—¿Santiago? ¿Cómo es posible? ¿Por qué?

¿Por qué? Alan lo sabía, pero como guardaespaldas no le correspondía hablar de más. Su trabajo era obedecer y, en ese momento, su deber era acompañar a la señora Olivia. El señor Rossi había sido claro: a partir de ese día, no debían perderla de vista.

Sabía que se había excedido y que de ninguna manera iba a aceptarla de vuelta en la compañía. Ella misma no se atrevería a volver. Pero al menos quería dejar en claro cómo sucedió todo, para que ella supiera qué clase de persona era su novio.

—Fue Julián quien me dijo que iba a hacerle ver lo importantes que somos para esta compañía, que entre los dos íbamos a darle una buena lección. Me pidió que viajara con él más tarde al festival, que faltara al ensayo general. Decía que usted iba a terminar suplicándonos que volviéramos.

—¿Y tú haces todo lo que él te pide? —Olivia podía entender las intenciones de él, ¿pero ella por qué le hacía caso?

Fabiola bajó la cabeza.

—La culpa fue mía, me dejé comprar. Julián me regaló tres bolsos Hermès.

Olivia guardó silencio. Todo encajaba.

—Perdóneme y, por favor, dígales a todos los compañeros que se esforzaron por este espectáculo que también me perdonen. Los defraudé. Menos mal que todo fue un éxito, porque si no… si no me iba a morir de la culpa… —dijo Fabiola, ya con lágrimas en los ojos—. Jamás lo imaginé, en serio jamás creí que la intención de Julián era sabotear la función. Yo… yo tampoco soy ninguna santa, pero… pero al final soy una bailarina, y pensé que, aunque fuera por respeto al escenario, terminaría subiendo a actuar.

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