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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 540

—Olivia, escúchame bien. —Santiago le palmeaba la espalda con firmeza—. Primero: los sentimientos no son una transacción, jamás existió eso de “poder o no poder pagar”. Segundo: lo que él llama su “entrega”, si tiene como fin atarte y controlarte, no es entrega, es inversión, es negocio. Y el amor jamás funciona así.

Olivia, recargada en el hombro de Santiago, seguía llorando sin parar, pero sus palabras empezaban a calmarla; era como si alguien pusiera orden al caos que sentía en la cabeza.

—Tercero, y lo más importante —la voz de él se suavizó, llena de cariño—, Oli, ¿te acuerdas de lo que te dije una vez? Solo quiero que seas feliz, pero pregúntate a ti misma: ¿eres feliz ahora? Él dice que sin él no habrías podido volver al escenario. Pero se equivoca. Quien se esforzó para volver a brillar fuiste tú misma.

Las palabras de Santiago le cayeron como un balde de agua fría. Se quedó paralizada procesándolas.

—Tú fuiste la que sufrió en la rehabilitación y la que se mató ensayando. Fue tu fuerza la que te puso en pie otra vez. Eso es lo que te devolvió al escenario. Si tú no hubieras puesto cuerpo y alma, nadie hubiera podido ayudarte.

—Pero… —Olivia sollozaba, todavía quería decir algo; las “razones” que le había metido Julián en la cabeza seguían resistiéndose.

—Oli, no tienes por qué pasar la vida pagándole a nadie por sus “favores”. —Santiago sonaba tierno y firme a la vez—. Tu felicidad, lo que tú sientes, es la única medida que importa. Si lo único que él te da es dolor, asfixia y dudas sobre ti misma, entonces eso no es amor: es maltrato.

Arrullada por Santiago, fue tranquilizándose poco a poco.

—No tengas miedo, yo voy a estar contigo. —Santiago le palmeaba la espalda con suavidad, como quien arrulla a una niña—. De ahora en adelante, ese tipo no se va a acercar a ti.

Después de tanta tensión, la voz de Santiago fue como un arrullo que la fue calmando. Entre sollozos, terminó por quedarse dormida.

Pero en cuanto Santiago retiraba el brazo y la recostaba en la cama, ella se despertaba, y aquellas voces malditas volvían a arrasarla como una marea.

“Sin mí, sin Julián, ¿dónde estarías hoy?”

“Todo lo que te he dado, ¿con qué piensas pagármelo?”

Pero Olivia también se resistía y no colaboraba.

—La culpa es mía. —Santiago se arrepentía—. No investigué bien el pasado de Julián. Él ya era de por sí una persona obsesiva. La familia Reyes mencionó que Olivia es la mujer que le salvó la vida. En realidad, ya en ese entonces traía problemas. No era claro por qué, pero fue durante el periodo en que actuaba como bailarín suplente y ensayaba con Olivia cuando volvió a ser una persona luminosa. Por eso siguió obsesionado con ella; incluso después de venir a Inglaterra, aunque en todo ese tiempo no la vio, esa fijación nunca se le quitó de la cabeza.

—¿Y ahora qué hacemos? —Lorena estaba muy angustiada—. Podemos impedir que se acerque a ella, podemos protegerla, pero, en este estado, mientras más la encerremos, peor va a estar.

Santiago lo negó.

—Solo nos queda ir paso a paso.

Mientras hablaban, el celular de Santiago vibró: era Adrián.

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