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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 647

La cirugía de la abuela Manuela estaba programada a primera hora de la mañana. Ese día, ella dejó todo arreglado.

Contrató a una cuidadora y pagó de su bolsillo la hospitalización y la cirugía. La cuidadora era muy amable y le preguntó por qué no había ido nadie de su familia a acompañarla. La abuela solo sonreía.

—Todos están ocupados. Es una cirugía menor; no quiero molestarlos.

La cuidadora suspiró. ¿Cómo iba a ser una cirugía menor?

Pero no le pareció apropiado decir algo más; se limitó a ayudar a la enfermera a llevar a la abuela al quirófano.

Lo que no esperaba era encontrar, en la puerta del quirófano, a alguien con pinta de estudiante. Manuela lo conocía. Era un compañero de su nieto llamado Leonardo.

—Leonardo, ¿qué haces aquí? —preguntó Manuela con una sonrisa. Entonces recordó que el doctor que la atendía también se apellidaba Montiel y quedó intrigada—. El doctor Montiel es tu…

—Es pariente mío —dijo Leonardo—. Me enteré por él de que hoy te operaban. Adri y yo somos buenos amigos; pensé que, si no le dijiste nada, tendrías tus razones, así que vine a acompañarte.

A Manuela se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Gracias, Leonardo. Ve a clases, no te retrases.

—No pasa nada, señora. La abuela de Adri también es como mi abuela. Vamos, vamos, que se nos hace tarde. —Leonardo tomó la mano de la abuela con ambas manos—. Ánimo, abuela; te espero aquí afuera.

Cuando la abuela soltó las manos de Leonardo, notó claramente que el muchacho, en el último instante, le apretó los dedos, como si le costara soltarla. Le sonrió y, al mirarlo a los ojos, sintió en ese muchacho una calidez extrañamente familiar.

Quiso mirarlo con más detenimiento, pero ya se la llevaban en la camilla hacia el quirófano; las puertas se cerraron y aquella calidez quedó del otro lado.

Leonardo y la cuidadora esperaron fuera del quirófano. El tiempo avanzaba despacio. La quietud frente al quirófano se rompió con unos pasos pesados; alguien llegó corriendo y jadeando. Era Adrián.

Leonardo lo miró, atónito durante unos segundos.

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