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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 646

La abuela había preparado todos los platillos favoritos de Adrián, y los dos hasta se tomaron unos refrescos.

Durante la comida, la abuela le dijo a Adrián que quería irse de viaje con sus amigas y le preguntó si podía arreglárselas solo unos días.

Al escuchar eso, Adrián se alegró; él solo quería que su abuela disfrutara tranquila, sin sentirse atada a él.

Así que le contestó enseguida:

—Claro que sí, abuela. ¡Ya estoy grande!

Manuela sonrió sin decir nada. Esa misma noche, Leonardo llegó de visita a la casa del doctor Montiel, en el edificio residencial del hospital. Llegó sonriente, con las orejitas de hojaldre favoritas del doctor Montiel en la mano.

En cuanto vio lo que traía, el doctor suspiró.

—O ladrón o estafador.

Leonardo rio.

—Tío Heriberto, ¡cómo dices eso! Vine de corazón a verte.

El doctor Heriberto Montiel era tío del papá de Leonardo.

—¡Tú! —dijo el doctor Montiel entre risas—. Ya arreglé ese asunto que me pediste. La señora ingresa mañana al hospital. De ahora en adelante, no vengas a zumbarme al oído hasta dejarme con dolor de cabeza.

—¡No dices más que estupideces! —La esposa del doctor Montiel se acercó para regañarlo—. Menos mal que el muchacho no es rencoroso; a cualquier otro lo habrías sacado de quicio.

—Doña Rebeca, sé que el tío Heriberto está bromeando conmigo —dijo Leonardo con una sonrisa.

—¿Quién está bromeando contigo? —respondió el doctor Montiel—. Vienes a pedirme un favor, ¡y crees que me puedes comprar con pan!

Leonardo rio.

—Entonces juego contigo unas partidas de ajedrez.

Al escuchar eso, el doctor Montiel se animó.

—Tu compañero no sabe nada —dijo el doctor Montiel—. Esa señora incluso nos pidió que se lo ocultáramos a su nieto.

—Entonces… —Leonardo sonrió, evasivo—. A lo mejor los dos se están ocultando la verdad por cariño. La abuela no quiere que el nieto se entere, ¿y el nieto, que ya lo sabe, quiere ocultárselo a ella?

Al escucharlo, el doctor Montiel pensó que no le faltaba razón y dejó de preguntar. Luego cambió de tema.

—Te dije que estudiaras medicina, que tenías talento para ser médico, ¡pero no quisiste!

—¿Cómo me voy a comparar contigo? Lo que más me da miedo es terminar matando a los pacientes sanos, hacerle daño a la gente, hacerme daño a mí mismo y arruinar tu reputación. ¿Jugamos ajedrez o no?

El doctor Montiel masculló:

—Ingresa mañana; la cirugía es dos días después.

—¡Gracias! —exclamó Leonardo.

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