Daniela apretó con fuerza el celular de Brenda, abrió sus mensajes y encontró el historial de chat con “Pau CC”. En el chat, los mensajes de voz se reprodujeron uno tras otro:
Pau CC:
“Brenda, no tengas miedo. Mi mamá habló con el subdirector Beltrán para que nos presentara; en esta escuela nadie se va a meter conmigo. Tú haz lo que te dije… te doy esa pulsera de Van Cleef & Arpels en cuanto lo hagas”.
Debajo aparecía una captura de pantalla de una transferencia de dos dólares con el comentario:
“Te invito un café, sé buena”.
Olivia escuchó ese mensaje y por fin entendió por qué el subdirector se había empeñado en impedirle que llamara a la policía.
Su sospecha era correcta. Lo de la cartelera lo había hecho Paulina.
Al escuchar el nombre “subdirector Beltrán”, Daniela también se quedó paralizada unos segundos, pero enseguida enfocó bien la pantalla del celular y grabó el chat de principio a fin, sin perder una sola palabra ni los detalles de la transferencia, donde se mencionaba claramente al “subdirector Beltrán”. Lo grabó dos veces, una mientras sonaba el audio y otra con la transcripción.
Luego se volvió hacia Olivia y asintió.
—Listo.
Solo entonces Olivia dejó que Daniela borrara definitivamente los videos del celular de Brenda. Olivia tenía a Brenda agarrada del cabello, y cada forcejeo le dolía horrores. Al ver que por fin habían borrado el video que había grabado, Brenda pidió piedad entre lágrimas.
—¿Ya me pueden soltar?
Pero Olivia no lo hizo. Olivia las miró a todas. Había oído hablar de esas chicas. Eran ellas.
Eran las que llevaban tiempo haciendo lo que querían en la escuela, las que se valían de sus contactos con pandilleros para abusar de las chicas más débiles.
—Entréguenme todos sus celulares. —Olivia miró fijamente a las cuatro restantes.

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Atrapante...