Daniela terminó de hablar y salió corriendo otra vez. Estaba dolida y muy triste, tanto por lo que Olivia había vivido ese día como por su amistad con Adrián.
Al verla así, a Olivia se le partió el corazón y bajó de prisa.
Se encontró con Daniela, que venía corriendo por un costado del edificio de aulas. Al ver a Olivia, se sorprendió por un instante y se restregó los ojos, porque no quería que Olivia la viera llorar; pero, en lugar de calmarse, lloraba cada vez más.
A Olivia también se le hizo un nudo en la garganta.
Desde que había vuelto a esa época, ya no pensaba como alguien de la edad de Daniela y los demás; ya no conservaba esa juventud capaz de reír y llorar con tanta intensidad como ellos.
Ni cuando Paulina la difamó ese día, ni cuando casi la acosaron en las duchas, ni cuando Adrián desapareció todo un día o salió a defender a Paulina, se alteró demasiado; no se enfureció ni le quedó siquiera un rastro de amargura. En cambio, esta Daniela, leal a ella y decidida a protegerla, le despertaba una ternura agridulce que la desbordaba.
Tomó de la mano a Daniela, que seguía llorando.
—Daniela, gracias.
Al escuchar eso, Daniela se puso más triste.
—¿Gracias por qué? No hice nada.
—Ya hiciste mucho. Gracias por ser tan buena conmigo. —Olivia entendía lo que Daniela sentía. Ella siempre la había visto como una bailarina frágil y delicada, sin saber que esa bailarina solo parecía frágil, pero en realidad era pura fuerza y músculo.
—¡Qué buena ni qué nada! Ni siquiera pude protegerte. —Daniela estaba que echaba chispas; ¡y eso que sí había alguien capaz de protegerla, pero en los momentos importantes no estaba, y encima se ponía del lado de gente ajena!
—Me ayudaste muchísimo. —Volver a sentir esa amistad intensa y sincera de la juventud era una de las cosas por las que valía la pena haber vuelto a este mundo—. Vamos a clase. No te preocupes, estoy bien; ya se me ocurrirá algo.
Ya había sonado el timbre que avisaba el inicio de las tutorías. Las dos volvieron al salón conversando, y Olivia le iba secando las lágrimas a Daniela. Al volverse un momento, vio que Adrián también las seguía a una distancia prudente; cuando él la vio, quiso decir algo, pero se quedó callado.
Olivia fingió no haberlo visto y siguió subiendo con Daniela; luego cada una entró a su salón. Leonardo la esperaba afuera del salón del grupo de Comunicación y Diseño.
Con todo el ajetreo y el caos de ese día, y como Leonardo había pedido permiso por la tarde, no habían podido hablar con calma.

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Atrapante...