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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 431

Al ver a la persona frente a ella, a Rosa se le cayeron las verduras de las manos. Era la amante de Adrián, Paulina.

Ella la miró con una sonrisa.

—¿Cambiaste de escuela a la niña?

Rosa palideció al instante.

—¿Creíste que por cambiarla de escuela ya no iba a encontrarla? —Paulina sonreía con crueldad.

—Paulina... ¿qué es lo que quieres? —dijo Rosa con la voz temblorosa.

Paulina se acercó. Su perfume penetrante mareaba.

—Vas a hacerme un favor. Si no, no importa a dónde mandes a tu hija: la voy a encontrar.

Las lágrimas rodaron por las mejillas de Rosa.

—¿Por qué no me dejas en paz? No soy más que una empleada doméstica.

Paulina soltó una carcajada.

—¿Y qué culpa tengo yo de que te hayas cruzado en mi camino?

—¡Eres un demonio! ¡Te vas a ir al infierno! —maldijo Rosa.

—Tú misma lo dijiste: soy un demonio. ¿Y aun así te atreves a desobedecerme? —dijo Paulina entre risas —. ¡Ahora! ¡Vamos a la cafetería de aquí afuera!

Rosa la siguió arrastrando los pies. Para cuando llegaron, Paulina ya estaba impaciente.

—Si me quieres ver la cara con algún truco, tu hija va a acabar muy mal. ¿El celular? ¡Dámelo! ¡Apágalo! Ni se te ocurra grabar nada.

Rosa, con lágrimas en los ojos, le entregó el celular.

—Escúchame bien... —Paulina le dio un montón de instrucciones y al final le entregó una bolsa de papel.

Rosa sostuvo la bolsa con las manos temblorosas.

—Ah, una cosa más —agregó Paulina—. Sé dónde está

tu pueblito... un amigo mío estuvo ahí el mes pasado.

A ver, ¿cómo se llama tu exmarido? ¿O quieres que mande a mi amigo a hacerle una visitita?

Beto iba a ir al hospital, pero Paulina se puso a buscar en redes y encontró una publicación perdida en las tendencias. Era la captura de una conversación entre alguien que decía ser camillero de un hospital y un amigo, donde contaba cómo le había ido en el trabajo:

decía que fue un día agotador, que llegaron cuatro intoxicados, todos de la misma familia, y que dejaron a urgencias hecha un caos.

En la conversación, el amigo preguntaba cómo iba el rescate.

El tipo respondió: "Difícil. Están todos en terapia intensiva, en coma. Ni idea de si van a despertar".

—¿Cuatro personas? —murmuró Beto—. ¿Serán ellos?

—Si contamos a Adrián, son exactamente cuatro... —

dijo Paulina.

—Hay que ir al hospital a confirmarlo —dijo Beto.

Sin embargo, antes de que saliera, Nico le llamó, llorando al teléfono:

—¡Beto, pasó algo terrible! ¡Adri se intoxicó! Su familia, bueno, su exfamilia, o sea Mercedes, Olivia y Santiago, todos se intoxicaron. Dicen que están en el hospital. Fue con algún químico... temo que no despierten.

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