—¿De qué tienes miedo? —preguntó Adrián a sus espaldas, con voz fría.
Olivia se detuvo. ¿Miedo? ¿De qué iba a tener miedo?
—¿De que los profesores crean que somos novios? —preguntó Adrián en un tono acusador, casi agresivo.
Olivia se volteó, sorprendida.
—¡Claro que no!
—¿Entonces de qué tienes miedo? —La encaró—. No somos nada. ¿De qué tienes miedo?
—Yo… —murmuró Olivia—. Hablé sin pensar, se me escapó…
Adrián la fulminó con la mirada y, sin decir una palabra, bajó las escaleras a toda prisa. Olivia se sintió confundida. No sabía cuándo había llegado Adrián ni para qué había ido…
Esa noche, Olivia tenía la cabeza hecha un lío.
No por la calumnia ni por las fotos, sino por Adrián y Leonardo.
Cuando se acostó, las caras de los dos se le venían una tras otra, hasta que ni siquiera supo en qué momento se quedó dormida.
Esa noche tampoco durmió tranquila. No dejaba de escuchar las voces de su tía Lorena y de su primo Santiago. Lorena suspiró.
—Ay, esta vez Oli lleva más tiempo dormida que la vez anterior. ¿Cuándo va a despertar?
—Mamá, no te angusties. El médico dice que está muy bien de salud. Le dan masajes a diario, sigue con rehabilitación para mantener los músculos activos y también le ponen suero todos los días.
—Oye, ¿y no deberíamos probar algo más? ¿Ir al vecindario a buscar curanderos y videntes?
—Está bien, iré.
Al escuchar esa conversación, Olivia supo que estaba en la casa de Londres.
Eso fue lo único que escuchó con claridad. Después, tanto lo que dijeron ellos como lo que dijo su abuelita al subir le llegó entre brumas.

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Atrapante...