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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 79

Capítulo 79 Olivia los observaba con una sonrisa, con tranquilidad, como si no le importara.

Poco a poco, Adrián dejó de reír y, tras él, los demás también se quedaron callados.

Clavó la mirada en Adrián y le preguntó con calma:

-¿Te parece muy gracioso?

La mirada de Adrián se volvió más profunda.

Olivia mantuvo la sonrisa y continuó:

-¿Burlarte de tu propia esposa frente a los demás es divertido?

Él no supo qué responder en ese momento.

-Olivia... -intervino Paulina con los ojos llorosos, como si estuviera a punto de decir algo importante.

"¿Ya va a empezar con su teatrito de nuevo?", pensó Olivia.

No tenía el menor interés en escucharla ni la obligación de seguirle el juego, así que se puso los audífonos y se desconectó de ese grupo. No le importaba si Paulina volvía a quejarse o a hacerse la víctima con Adrián para que él la consolara.

"Ojalá nunca los hubiera conocido".

A partir de ahí, no volvió a dirigirles la palabra en todo el trayecto.

Al aterrizar, llegó el momento de recoger el equipaje.

Paulina adoptó una postura de mujer independiente y servicial. Abrió el compartimento superior de la cabina y le dijo a Adrián:

-Rápido, ayuda a Olivia con su maleta, acuérdate que le cuesta trabajo moverse.

Olivia se quedó confundida.

Adrián, que estaba a punto de bajar el bolso de Paulina, se detuvo un segundo y luego se acercó para abrir el compartimento que estaba sobre Olivia.

Le dio mucha risa. ¿O sea que solo la ayudaba porque Paulina se lo pedía para quedar bien?

Adrián arrugó la frente al verla.

-¿De qué te ríes? -Le molestaba verla sonreír así.

Olivia ensanchó su sonrisa.

-Estaba pensando que tal vez debería darle las gracias a Pau.

En cuanto mencionó a Paulina, todos se pusieron a la defensiva, vigilándola como si ella, a pesar de su pierna lastimada, pudiera hacerle algo a su amiga.

-¿Tu mujer no sabe hacer otra cosa más que molestar a Pau? Y tú, Pau, jes que eres demasiado buena!

¿Paulina era buena? Esa era la broma más grande del mundo.

Al salir del aeropuerto, Olivia tomó un taxi para irse a casa. Sabía que el chofer de la compañía de Adrián seguramente ya los estaba esperando, pero ¿qué sentido tenía? ¿Habría un lugar para ella en ese auto?

Nunca se hizo ilusiones de pertenecera su mundo.

Era un círculo social en el que no encajaba y en el que jamás lograría entrar.

Cuando llegó a casa, tomó una siesta de dos horas. Al despertar, revisó su celular y vio un mensaje: su visa para la gira internacional con la maestra Carmen ya estaba aprobada. Le enviarían el pasaporte en los próximos días.

La alegría de la noticia borró el mal sabor de boca que le dejó el incidente en el avión.

Todo avanzaba en silencio, pero sin contratiempos.

Por fin sentía que su vida tenía un propósito.

Se cambió de ropa, pidió un auto y salió a buscar al alumno del doctor que le revisó la pierna para su sesión de acupuntura.

No estaba segura de si eso funcionaría para su pierna, pero así como pasó los últimos cinco años estudiando inglés y teoría profesional sin saber si le servirían, lo hacía con la esperanza de que, algún día, todo ese esfuerzo valiera la pena.

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