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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 80

Capítulo 80 Incluso si no lograba recuperarse, el simple hecho de que su tratamiento pudiera servirle al doctor como un caso de estudio o para ganar experiencia, ya era bueno.

Al recuperar la esperanza, la vida se vuelve mucho más tranquila.

Al salir de su sesión de acupuntura, Olivia descubrió una heladería recién inaugurada en un centro comercial cercano. Se compró un helado de pistacho y se lo terminó con calma antes de tomar un taxi de regreso a casa.

Lo siguiente en su lista era agendar la cita para la visa de estudiante.

Eligió una fecha cercana y, en cuanto le llegó el correo confirmando que el trámite se había registrado con éxito, sintió una pequeña chispa de alegría.

Después de varios días de ir y venir, se sentía cansada.

Tras terminar con los pendientes, comió algo ligero, se dio un baño y se acostó temprano. Se puso a revisar el celular para buscar opciones de departamentos, leer blogs sobre experiencias de otros estudiantes y ver si encontraba a algún exalumno de la misma universidad.

Pronto descubrió cómo funcionaban los contratos de arrendamiento y logró entrar a un sitio de rentas.

Al ver las fotos de los departamentos con ese estilo extranjero y las imágenes de las calles, de pronto sintió un nudo en la garganta. Fue una emoción tan fuerte que no pudo contenerse y las lágrimas empezaron a rodar por su cara.

Pero eran lágrimas de felicidad, de esas que llegan cuando el sufrimiento por fin empieza a quedar atrás.

Sentía como si le estuvieran creciendo un par de alas a toda velocidad y que, en muy poco tiempo, en cuanto terminaran de fortalecerse, podría emprender el vuelo hacia un cielo muy lejano...

Afuera, la noche ya lo cubría todo. Faltaba un día menos para despedirse de ese lugar.

Ahora vivía contando los días uno a uno.

No sabía a dónde había ido Adrián tras su regreso a Altabrisa, y ya no le interesaba saberlo.

Antes siempre se quedaba despierta esperándolo, especialmente al principio de su matrimonio, cuando intentaba por todos los medios acortar la distancia entre los dos. Sin embargo, sus vidas no tenían ningún punto en común desde antes de casarse.

Anhelaba tanto sentirse cerca de él que siempre le preguntaba qué había hecho o a dónde había ido.

Él siempre le respondía con la misma palabra:" oficina".

Olivia se dio la vuelta en la cama para fingir que dormía. No quería que él la viera llorando por la ilusión que le causaba su futuro lejos de allí.

Fue una noche silenciosa. Él se acostó después de bañarse, sin notar nada fuera de lo común.

Como al día siguiente Olivia tenía su cita de acupuntura a las ocho de la mañana, se levantó muy temprano. Estuvo ocupada arreglando sus cosas y, cuando ya estaba por salir, doña Rosa la detuvo.

-Todavía no ha desempacado la maleta del señor Vargas.

El equipaje de Adrián seguía en el recibidor.

Antes, cada vez que él regresaba de un viaje, ella misma se encargaba de desempacar esa misma noche. Lavaba toda la ropa y ponía cada cosa en su lugar.

Para ella, la maleta era algo muy personal y prefería encargarse personalmente en lugar de dejárselo a doña Rosa.

Pero ese día, de pronto, sintió que todo ese esfuerzo había sido una ridiculez de su parte. Si la maleta era un objeto tan privado, entonces ella ni siquiera debería tocarla. A los ojos de él, Olivia no era muy distinta de doña Rosa; solo eran dos extraños viviendo bajo el mismo techo.

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