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Mi divorcio estaba a un día, y mis gemelos se parecían a él romance Capítulo 12

Justo cuando Joana iba a responder, sonó el celular de Timoteo.

Era una videollamada. Al contestar, la voz melosa y delicada de Gabriela Juárez llenó el ambiente.

—Timoteo, mi amor, te estoy esperando en casa para que pases por mí.

—Sí, salgo para allá en este momento.

Su tono era suave y cálido, un contraste abismal en comparación con cómo trataba a Joana.

Samuel empujó con delicadeza la caja hacia Joana.

—Señora, tómelo. No pierde nada con usarlo. Su teléfono ya tiene como tres años, es hora de cambiarlo.

Joana, con el peso de mantener a dos hijos en secreto y pagar la clínica de su madre, vivía cuidando cada centavo.

Su viejo teléfono en verdad estaba en las últimas, pero ella planeaba ahorrar más para comprar uno económico después.

Ante las palabras del mayordomo, decidió aceptar.

Tenía razón. Ella había hecho demasiado por Timoteo en todos esos años. ¿Por qué no iba a aceptar algo a cambio?

Además, ella había sido quien le curó su terrible gastritis.

Durante el primer año en Villa Mirador, Joana se había desvivido aprendiendo recetas nuevas para complacerlo.

Le preparaba sus platillos favoritos y, sabiendo de sus problemas estomacales, aprendió a hacer remedios caseros y caldos nutritivos para sanarle el estómago.

Al recordar todo su sacrificio, tomó la caja con la conciencia más que tranquila.

***

En Valérie, una exclusiva boutique francesa de alta costura, el aire acondicionado era fresco y el ambiente olía a perfumes de lujo.

Joana llevaba una mochila sencilla, el cabello atado en una coleta baja y ropa común, luciendo completamente fuera de lugar entre las sedas y cristales del lugar.

El Sr. Ricardo Linares, de pie junto a ella, le habló con cortesía:

—Señorita Lozano, le agradezco mucho que haya acompañado a mi esposa a probarse vestidos. Por favor, escoja un conjunto para usted como muestra de mi gratitud.

—¡Joana! ¡Qué casualidad verte por aquí!

Una voz dulce, pero tristemente familiar, interrumpió la conversación. Era Gabriela Juárez, aferrada del brazo de Timoteo.

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