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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 216

Cristian le dio su teléfono a Helena.

—Si vuelve a llamar, dile que estoy ocupado.

Con prontitud, Helena tomó el teléfono de su mano y respondió:

—Está bien, señor Herrera.

A continuación, Cristian dirigió su vista a Julia y preguntó:

—¿Ya puedo comenzar a comer?

Después de todo por lo que había pasado en los últimos años, el hombre parecía sentirse más seguro del verdadero deseo de su corazón.

Julia no podía ocultar su sonrisa.

—Nunca dije que no podías.

La pareja intercambió miradas y sonrisas sin decir una sola palabra, y no dirían nada más debido a la presencia de Cristina y Natán.

Al ver la interacción tan harmoniosa entre ambos, Cristina no pudo evitar sonreír.

Luego, colocó algo de comida en el plato de Natán.

—Toma. Debes comer más.

Natán se acercó a ella y le susurró al oído:

—¿Estás feliz?

Cristina parecía preocuparse mucho por él y su familia y todos sus sentimientos se mostraron claramente en su rostro durante esos minutos de tensión: desde enojo a preocupación y luego de decepción hasta felicidad. Parecía tratar a su familia como si fuese la de ella misma, por lo que la sonrisa en su rostro se notaba genuina.

Entrecerró sus ojos cristalinos y brillantes al tiempo que continuaba sonriendo.

—¡Claro! Se siente muy bien pasar el Día de Acción de Gracias juntos como familia.

Después de la cena, los cuatro se sentaron en la sala a ver televisión.

Mientras veían una novela, un anuncio apareció en la pantalla y en este se mostraba una entrevista.

La reportera preguntó curiosa:

—Señorita Ada, puesto que usted representa al Corporativo Radiante en la próxima gala de Día de Acción de Gracias, ¿le importaría responder una pregunta? Oí que es usted quien diseñó los atuendos para el desfile de moda. ¿Es esto cierto?

Sheila se mostraba radiante mientras sonreía a la cámara.

—Así es. Todos esos diseños son míos. Me siento honrada de representar a la empresa y conocer a todos.

El evento de gala se llevaría a cabo en Jadentecia y fue Zacarías quien invitó a Sheila a tal evento. Quedaba claro que la familia Jaramillo daba todo su apoyo a Sheila y que la estaban ayudando aganarse un lugar en la industria.

Julia miró con atención al rostro desconocido en la pantalla y frunció el ceño antes de preguntar a Cristina:

—¿Esa es Ada?

«¿No debería Cristina ser Ada? ¿Por qué la reemplazaron por alguien a quien jamás había visto?»

Tras encontrarse con la mirada preocupada de Julia, Cristina soltó una risita; no parecía molesta por lo que sucedía.

—Es solo un alias. Si le gusta, puede quedarse con él.

A ella no le importaba en lo absoluto; nunca había estado interesada en la fama y la fortuna atada al nombre. «Ada» no era más que un alias. La verdadera cuestión aquí era si la persona portando ese nombre podía producir trabajo con sello personal que impresionara a otros.

La verdad sería revelada tarde o temprano.

Sorprendida, Julia miraba fijamente a la joven sentada a su lado.

«Parece consciente de lo que pasa, pero elige no exponer a la impostora. ¿Acaso no le importa la fama y la fortuna? Es joven, pero de seguro ya sabe lo que es en verdad importante en esta vida».

Julia retrajo su vista y dirigió su atención a la televisión una vez más antes de mofarse de la mujer sonriente en la pantalla; un destello discreto brilló en sus ojos.

Ya se había hecho tarde, por lo que Cristina y Natán pasaron la noche en la residencia Herrera.

La blanquecina luz de luna iluminaba la habitación cubriendo toda la alfombra. Cristina estaba de pie al lado de la cama mientras se soltaba su largo cabello. Su figura delgada se bañaba en el resplandor de la luna cual hada traviesa y elegante que visita este mundano planeta.

Natán se acercó a ella; podía oler una fragancia sutil al pasear sus dedos por su cabello.

Cristina se dio la vuelta y, entrecerrando los ojos, se acercó a él y dijo:

—Ni creas que te voy a dejar andar como si nada si llegas a tener un amorío como tu padre en el futuro.

La infidelidad era un tema muy delicado para ella debido a que había sido víctima de una familia rota. Tal experiencia le había traído traumas y una oscuridad de la que no creía ser capaz de soportar.

Natán le dio un golpecito en la frente con su dedo índice y dijo con tono amoroso:

—Qué tonterías dices. Yo jamás haría algo así.

«Todo lo que deseo es hacerla feliz y bañarla en amor incondicional. Jamás haría algo para lastimarla».

Por la mañana, Natán regresó a la empresa y Cristina salió a caminar al jardín después del desayuno. Poco después, Helena llegó a informarle que un invitado había llegado de visita.

Capítulo 216 Las reglas de una familia influyente 1

Capítulo 216 Las reglas de una familia influyente 2

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