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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 219

—¡Ooooh!

Todos los presentes dirigieron su atención hacia donde Julia estaba señalando hasta encontrarse con una Cristina muy nerviosa.

Cristina estaba sorprendida de que Julia admitiera de manera pública que ella es la nuera de la familia Herrera. Pero lo que más la impactó fue que, tras enterarse que alguien se estaba haciendo pasar por Ada, Julia decidió salir a su defensa. Que una persona mayor diera la cara por ella la hacía sentir más segura.

Cristina caminó hacia el escenario y, mirando a la multitud todavía confundida, explicó:

—Es cierto. Fui yo quien diseñó la serie de los jazmines.

¡Estaba admitiendo que ella era Ada!

Sheila estaba con la boca abierta. No podía creer lo que estaba pasando.

«¿Cristina es Ada? ¿Por qué no lo dijo desde un principio? Y ¿por qué lo escondió de mí? ¿Lo hizo a propósito para humillarme en frente de todos?»

—¡Cristina! ¿Por qué eres tan cruel? De seguro ya tenías planeado cómo sabotearme desde que tomé el nombre de Ada.

Sheila estaba hecha una fiera y su único deseo en ese momento era despellejar a Cristina para sacar su frustración.

Pero cristina solo alzó las cejas; la miraba con desdén.

«¿Acaso está Sheila actuando tan indignada siendo ella quien robó mis diseños?»

Luego, alzó el rostro con un semblante frío y, sin hacer más concesiones, dijo:

—Primero que nada, cualquiera puede usar el nombre Ada. Yo no tengo derechos especiales sobre él. Segundo, si no robaste mis diseños, ¿por qué tienes esa patética expresión en el rostro?

Después de aseverar la verdad tan firmemente, Cristina se aseguró de desmantelar cualquier excusa que Sheila pudiese inventarse.

Cual mujer desahuciada, Sheila lanzó una mirada furiosa a la mujer y rugió:

—Te voy a decir una cosa… ¡Esto no se termina aquí!

«Ella es la única que ha hecho algo mal aquí. ¿Cómo se atreve a hablar de esa manera tan arrogante?», pensó Julia de manera burlona. Luego, dijo:

—Así es. Esto no se ha acabado. Yo compré el diseño de los vestidos, así que los derechos sobre ellos me pertenecen a mí también. Y como robaste los diseños que yo compré, a eso se le llama hurto. ¡Te pido de favor que te dirijas a la comisaría y expliques lo que hiciste!

La policía ya estaba presente en la escena para entonces y, tras comprender lo que ocurría, de inmediato rodearon a Sheila.

—Señora, alguien le ha puesto una demanda por violación de derechos. Por favor, acompáñenos a la comisaría.

Sheila se desplomó como si alguien le hubiera dado un fuerte golpe en la cabeza. Pero para cuando recobró el conocimiento, ya la estaban arrastrando fuera del escenario y del lugar frente a todos los presentes.

—¡Soy inocente! ¡No iré con ustedes! ¡Suéltenme!

Sheila intentó de todo para liberarse. Sabía que si iba a la comisaría, esto quedaría en su historial y la acompañaría por el resto de su vida.

Con todo, y sin importar cuantas veces gritara su inocencia, no hubo nadie que metiera las manos al fuego por ella.

Al contemplar la escena, Cristina no pudo evitar sentir lástima, pero también estaba molesta de ver los mismos diseños en la pasarela.

La verdad es que, Justo cuando estaba por exigir a Sheila una explicación, Julia de pronto intervino.

Después de todo el drama, Julia bajó a Cristina del escenario y la presentó con sus amistades como su nuera.

Tales noticias se esparcieron como fuego.

Pronto, todos en Jadentecia se enteraron de que Cristina era Ada y que sus diseños eran de alta calidad.

Más tarde esa noche, Julia mandó a Cristina de regreso a la mansión Jardín Escénico, no sin antes decirle:

—Tus diseños son asombrosos. Ya no te escondas. Muestra tus habilidades al mundo.

Las palabras de Julia tocaron el corazón de Cristina, sobre todo porque Julia solía no aprobar su ocupación.

—Gracias, suegra. ¡Haré lo mejor que pueda!

Nada la hacía más feliz que tener a su familia apoyándola en su profesión.

Julia asintió y dijo:

—Así me gusta. Deberías renunciar y comenzar tu propia empresa. Natán cuenta con los fondos necesarios y, si no es suficiente, puedes acercarte a mí y pedirme lo que necesites.

«¿Iniciar mi propia empresa?»

Zacarías estaba al tanto de todos los detalles y las evidencias, por lo que sabía que Cristina no había difamado a Sheila.

Entonces, el hombre dirigió su vista a Sheila, quien se apresuró a desviar la mirada. La mujer incluso terminó viendo hacia otro lado completamente, como queriendo escapar del problema.

Después de terminar todo el papeleo, los tres dejaron la comisaría.

Sheila siguió llorando hasta llegar a casa, donde llamó a un detective privado.

—¡Te pagaré quinientos mil si me das toda la información que tengas sobre Cristina!

Poco después, Sheila recibió un documento extenso en su correo.

No iba dejar ir esto tan fácilmente y admitir que había cometido plagio no era opción.

En su lugar, intentaría sacarle trapitos sucios a Cristina. Debido a que Cristina venía de familia humilde, dudaba que tuviese un historial limpio.

«De seguro ha hecho de todo para obtener su puesto actual».

Como era de esperarse, después de buscar entre tanta información, Sheila encontró algo interesante.

De regreso en la mansión Jardín Escénico, Cristina estaba en la recámara principal secándose el cabello con una toalla.

La mujer admiraba la luna a través de la ventana cuando comenzó a perderse entre sus pensamientos.

De pronto, su teléfono comenzó a sonar: era Zacarías.

Zacarías era primo de Sheila, por lo que sabía que llamaba para pedir misericordia por ella.

Si bien, seguía furiosa, no quería continuar con el tema por el bien de Natán.

Cristina tomó la llamada y la voz de Zacarías se oyó desde el otro lado de la línea.

—Cristina, ¿estabas dormida?

—Todavía no —respondió— Sé que me llamas por Sheila. Sin embargo, la persona que la está demandando no soy yo, es la señora Herrera. Intentaré hablar bien de ella mañana y hacer mi mejor esfuerzo por convencerla de que retire la demanda.

Zacarías no esperaba que Cristina fuese tan directa y generosa. De hecho, estaba listo para ofrecerle un porcentaje del Corporativo Radiante para convencerla, pero Cristina fue muy directa y ni siquiera le pidió nada de regreso.

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