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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 245

Cristina se alarmó un poco antes de intentar alejar la cabeza de Francisco sin pensarlo. Sin embargo, cuando ella alzó su mano, vio que había sangre cayendo de la espalda de Francisco. Cristina se quedó pasmada y su mano congelada.

«No tengo corazón para alejarlo»

Para que la multitud alborotada no notara lo que estaba sucediendo, los tres salieron por la puerta trasera. Después, llevaron a Francisco al hospital. Era una doctora quien lo atendía, así que, cuando vio que su paciente era Francisco, fijó su mirada en él. Nunca se esperó conocer a una superestrella en una noche aburrida. A Cristina le causó gracia su reacción. Después de un momento, no pudo evitar recordarle:

―Doctora, ¿puede tratar su herida?

«Si sigue mirándolo, va a desangrarse»

Eso hizo que la doctora recobrara sus sentidos. Sin demorarse más, se giró para tomar las herramientas para contener la sangre.

―Disculpa, ¿puedes quitarte la ropa, por favor?

Al escuchar eso, Cristina quería irse, pero Pamela la detuvo:

―Necesito ir a mover el auto. Cuide del señor Fernández, por favor.

Pamela se fue antes de que Cristina pudiera decir algo. En ese momento, Francisco se quitó el abrigo, exponiendo la camisa que tenía debajo. Cristina hizo una expresión de sorpresa al ver su espalda. Durante el camino hacia el hospital, Pamela mencionó que Francisco se lastimó con un objeto punzante durante una escena peligrosa. Era una herida grave que requería tratamiento en el hospital.

Sin embargo, Francisco le pidió a la doctora en la escena que detuviera el sangrado de inmediato para que pudiera llegar a tiempo a la competencia con Cristina. Lo más seguro era que su herida volvió abrirse cuando se estuvo moviendo. Francisco era más delgado de lo que Cristina esperaba, pues podía ver su vértebra hermosa cuando se agachó ligeramente.

―La herida es profunda. Necesitará puntadas. ¿Debería administrarle anestésico? ―preguntó la doctora de forma profesional mientras se ponía una mascarilla.

La doctora frunció el ceño mientras observaba su herida y pensó:

«Debe estar sufriendo un dolor inmenso»

Francisco sacudió la cabeza con una mirada seria y dijo:

―No. Soy un poco alérgico a los anestésicos y aún debo trabajar mañana. Afectará a mi rendimiento.

«¿Está herido y sigue pensando en su trabajo?»

Cristina tuvo la tentación de aceptar en su nombre, pero lo dudó y al final decidió quedarse callada. La doctora le pidió a Francisco que se acostara en la cama antes de tratar su herida.

―Por fortuna, no cicatrizas fácilmente, así que solo necesitas prestar más atención para prevenir que eso suceda.

Después de media hora, enviaron a Francisco a una sala VIP para que descansara. Estaba a punto de quedarse dormido del cansancio y falta de anestésico durante su tratamiento. Tenía los ojos medio cerrados y su expresión lucía tan pálida como la nieve. Se veía increíblemente frágil en ese momento. Antes de quedarse dormido, susurró:

―No te vayas.

A Cristina le tomó por sorpresa cuando vio que estaba sujetando el borde de su blusa, luciendo como un cachorrito esperando a que su dueño no lo deje.

―No voy a irme, pero tampoco puedo quedarme aquí parada. Iré por una silla.

«Es imposible que me quede parada por el resto de la noche. Estoy exhausta después de trabajar días sin parar»

«Maldición. Me siento un poco mareada también. ¿Estoy enferma?»

Era imposible ignorar la presencia intimidante de Natán junto con su traje negro en su figura alta, su mirada oscura y todos los guardaespaldas detrás de él. Caminó hacia Cristina y levantó su cuerpo delgado antes de decir:

―Vamos a casa.

Cristina asintió, pensando que debía irse pronto para evitar malentendidos. Sin embargo, Francisco no se molestó en entender la situación. Se recargó en la cabecera mientras su fleco suave caía sobre un lado de su rostro. Entrecerró los ojos y, apropósito, dijo en un tono sugestivo:

―Me conmueve mucho la disposición de Cristina para quedarse conmigo toda la noche. Seguro tengo un lugar especial en su corazón.

Natán ya estaba furioso, pero Francisco añadió más leña al fuego apropósito. Sin pensarlo, Natán se acercó a él y lo levantó del cuello de su camisa, el cual se rompió ligeramente de inmediato. Cristina se acercó a ellos al instante para detenerlos, como si Natán fuera a golpear a Francisco si ella se demoraba un segundo más. Cristina abrazó a Natán por la cintura y explicó:

―Por supuesto que sí, porque Francisco es tu hermano menor. ¿No te parece normal que su hermano mayor y su cuñada cuiden de él?

Ambos hombres se quedaron estupefactos al escucharla.

―Es normal que cuidemos de nuestra familia, ¿verdad, cariño? ―dijo Cristina con una sonrisa.

«Si trato esto como un asunto de familiares cuidándose entre sí, todo tiene sentido»

En ese momento, Cristina cambió su relación ambigua con Francisco a una familiar.

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