―Sus acciones me pusieron en peligro, así que lo reportaré a la policía. No me importa si no las castigan.
Cristina se detuvo por un momento y sus ojos brillaban cuando levantó la mirada.
―Lo que importa es que tendrán antecedentes penales por causar problemas.
Las demás se pusieron nerviosas al instante. La competencia era demasiado importante para Natalia y Margarita y estarían en grandes problemas si la policía se involucraba y su mentor se enteraba. Sara, su mentora, era alguien que valoraba su dignidad. Si se enteraba de su acto vergonzoso, ya no les permitiría ser aprendices. De pronto, las diseñadoras entraron en pánico, pues tener antecedentes penales afectaría su futuro. Además, la expresión seria de Cristina les indico que no estaban bromeando. Nadie estaría dispuesto a arriesgar sus carreras con un asunto trivial. Natalia se quedó sin opciones e intentó obtener ayuda de Selena.
―Señorita Selena, creo que Cristina está exagerando un poco. No hace falta ir tan lejos y hacer un reporte a la policía, ¿cierto?
«Seguimos en medio de la competencia. Todo se atrasará si se hace un reporte. A la señorita Selena le importa mucho esta competencia, seguro dirá algo para que las cosas continúen sin problemas»
―Tiene razón, señorita Selena. ¿No cree que Cristina está exagerando? ―dijo Margarita.
«Seguro quiere resolver este asunto lo más pronto posible»
Cristina no dijo nada y su expresión se oscureció mientras que su mirada se volvía glacial. Selena se veía más tranquila que nunca y dijo con una sonrisa:
―¿Cómo podría hablar por Cristina cuando no soy yo la víctima? No soy yo a quien deberían preguntarle si no quieren ir a la estación de policía. Deberían pedirle disculpas a Cristina.
«Yo no tengo derecho de decidir por ella»
Mientras tanto, la mirada de Cristina brillaba mientras escuchaba las palabras de Selena, pues no se esperaba que se pusiera de su lado. Ahora que Cristina tenía el apoyo de Selena, se sentía más determinada a continuar con el asunto. Varias diseñadoras se estremecieron, asustadas y sin saber qué hacer. En ese momento, sentían que su futuro estaba colgando de un hilo y podría arruinarse en cualquier momento. Margarita apretó sus puños con tanta fuerza que sus uñas casi se rompen.
―Dinos, Cristina. ¿Qué tenemos que hacer para que no nos reportes?
Las personas detrás de ella observaron a Cristina mientras asentían con seriedad. En ese momento, harían lo que fuera para no tener que ir a la estación de policía. Cristina entrecerró los ojos y observó a las mujeres quienes la miraron con entusiasmo.
―Estuve afuera por más de dos horas. Ustedes deberían quedarse afuera por tres horas. De esa forma, estaremos a mano.
«¿Qué? ¿Quedarnos afuera por tres horas? ¡Nos vamos a congelar!»
El corazón de Natalia se llenó de ira, pues su demanda le pareció inaceptable.
―¡No exageres! Tú solo estuviste afuera por dos horas.
«Está helado afuera y llevamos pijama. Nos vamos a enfermar por el aire fuerte. Está complicando las cosas apropósito»
La ceja de Cristina se retorció y dijo:
―No las estoy forzando a que lo hagan. Depende de ustedes.
«Si no lo hacen, haré el reporte a la policía para que arresten a estas mujeres malvadas»
Luego de dudarlo por un momento, las demás se giraron y salieron de la mansión. Ninguna quería que las arrestaran. Al mismo tiempo, tanto Natalia como Margarita intercambiaron miradas antes de resignarse y salir. Inhalaron con fuerza mientras soplaba el aire helado y les provocó escalofríos. En un instante, la temperatura de su cuerpo bajó drásticamente, como si estuvieran cubiertas de hielo.
―Hace mucho frío. ¿Cómo es que Cristina se quedó aquí por tanto tiempo? ―se quejó Natalia con una voz más suave.

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