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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 276

Estaba de más decir que la cámara apuntaba directamente al escritorio de Cristina.

Hecho esto, Francisco llamó a su asistente para que acercara el auto.

Para su sorpresa, acababa de colgar el teléfono cuando oyó pasos afuera de la oficina seguidos de un abrir de puerta.

Resultó que Rita había recibido una llamada de Cristina para que recibiera una entrega de telas en la oficina y las guardara de manera ordenada.

Sin embargo, después de esperar por un buen rato, no había señal del repartidor y al único que vio fue a Francisco, quien salía del taller.

—¡Francisco! ¿Qué haces aquí todavía? —exclamó Rita.

«No lo vi en todo el día. Creí que se había ido temprano. ¿Quién hubiera pensado que me lo encontraría aquí tan noche? ¡Ay! ¡Y es tan guapo! Ay, dios… ¡Creo que no podré dormir esta noche de la emoción!»

—Gracias por regresar a abrirme la puerta. Me retiro —respondió Francisco casi de inmediato antes de ponerse su gabardina y salir de la oficina.

De regreso en Mansión Jardín Escénico, Cristina llamó a Rita para saber cómo iban las cosas.

Al enterarse de que Francisco había abandonado el estudio, por fin pudo respirar aliviada.

Esa noche, las estrellas iluminaban el aterciopelado cielo negro.

Para cuando Natán entró a la habitación, Cristina, quien se había dado un baño y se había puesto sus pijamas de estampado de caricaturas, ya estaba dormida en la cama.

La mujer tendida en la cama tenía la apariencia de un gatito cansado de jugar todo el día; tenía las mejillas rosadas y se veía tan inocente que el hombre deseaba darle un mordisco.

Sin embargo, Natán tuvo que aguantarse las ganas y, tras quitarse la corbata, se recostó a su lado y acomodó a la mujer entre sus brazos.

Al instante, ella se derritió en su pecho.

Natán no pudo más que admirar la suavidad y delicadeza de la mujer.

En ese momento, Cristina abrió los ojos de a poco solo para rodear el cuello del hombre con sus brazos y darle un beso en la barbilla.

Natán contempló el rostro seductor de la mujer y, soltando una risita, dijo:

—Mentirosa. ¿Verdad que no estabas dormida?

—¿De qué otra manera lograría que me cargaras? —respondió Cristina haciéndole ojitos.

La realidad era que sí se había quedado dormida, pero se despertó al oír pasos cerca de la puerta.

Natán solo sonrió más grande.

«Vaya, vaya. ¿En qué momento mi conejito tierno se convirtió en un astuto zorro?»

Segundos después, Natán le dio un golpecito en la nariz con el dedo índice y besó su frente.

No mucho después, la luna se asomó por la ventana y bañó de luz a la pareja entrelazada sobre la cama.

En menos de una semana, Cristina ya había terminado el vestido de Linda y solo le faltaba bordar los motivos florales que serían el toque final.

Por suerte, le tenía mucha paciencia al bordado a mano, tarea que realizó con confianza y tranquilidad.

Un poco después, dos repartidores entregaron varios ramos de flores grandes, cada uno con un mensaje de felicitación por la inauguración.

Rita asumió que venían de parte de los amigos de Cristina, por lo que los acomodó cerca de la entrada.

Tan pronto se fueron los repartidores, una figura regordeta entró a la oficina.

—¡Buenos días, señor! —saludó Rita con amabilidad— ¿Está interesado en ordenar ropa hecha a la medida?

—Así es. Por favor tráeme a tu diseñador.

Con miedo a ofender a un hombre de apariencia importante, Rita llamó a Cristina.

La mujer estaba sorprendida. Después de todo, el estudio llevaba poco tiempo en funcionamiento y solo contadas personas sabían sobre él.

En eso, Cristina salió al área de recepción donde se cruzó con la mirada del hombre.

—¿Señor Echavarren?

«Pero ¿q-qué-? ¿Qué hace él aquí? ¿Cómo se enteró sobre mi estudio?»

Los ojos de Lorenzo se abrieron grande en el momento en el que vio a esta joven y atractiva mujer.

Entre más se acercaba Cristina al hombre, más podía este oler el sutil aroma de la fragancia floral en el aire a su alrededor. Este era, sin duda, el momento más excitante para él.

«¡Demonios! Con una carita tan bonita y piel perfecta, ¿cómo no podría gustarles a todos?»

—Cristina, ¿tienes novio? —preguntó Lorenzo con curiosidad.

«Oh, estoy seguro de que sí lo tiene. Si no fuera así, ¿por qué rechazaría mi invitación a la sesión de fotos? Además, una mujer tan atractiva como ella de seguro tiene muchos pretendientes».

—No —respondió Cristina con un resoplido.

«¡Ja! ¿Acaso está a punto revelar sus verdaderas intenciones?»

Al oír esto, Lorenzo se emocionó e intentó tomar la mano de la mujer. Sin embargo, para su mala suerte, apenas tocó su piel, sintió que una aguja le pichaba el dedo.

—¡Ay! ¡Eso duele!

Lorenzo retrajo su mano rápidamente y se dio cuenta de que su dedo estaba sangrando.

Por su parte, Cristina fingió que no se había dado cuenta y dijo:

—Señor Echavarren, ¿está bien? Creo que lo pinché con mi aguja.

Ante esto, Lorenzo frunció el ceño.

«Vaya, vaya. Parece que esta niña no ha bajado la guardia ni un momento».

El hombre parecía haber perdido la paciencia y, sintiéndose frustrado, sacudió su mano. Él estaba acostumbrado a que las mujeres se le echaran encima y muy rara vez tomaba la iniciativa de intentar conquistar a alguna. Y, lo que era aún peor: Cristina ya lo había rechazado varias veces. ¿Cómo no había de estar molesto?

A continuación, Lorenzo tomó una de sus tarjetas de banco de su bolsillo y la azotó sobre la mesa.

—Hay tres millones en esta tarjeta.

Pero Cristina frunció el ceño ligeramente y no reaccionó.

—Ya hablé con Sara —añadió Lorenzo— Si te conviertes en mi mujer, no solo esta tarjeta será tuya, sino que también aparecerás en la portada de la revista en las siguientes tres ediciones. ¡Ni siquiera Margarita tiene estos beneficios!

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