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Mi exmarido ciego firmó el divorcio sin saber que yo era su salvadora romance Capítulo 11

Mientras tanto, en Bahía Auricén.

Para facilitar el tratamiento de los ojos de Estefanía, Joseph había comprado con antelación una de las mejores villas del lugar.

Aquí había un pequeño jardín y columpios, los favoritos de Estefanía, además de nanas y guardaespaldas encargados de cuidarla las veinticuatro horas.

—¿No les dije que cuidaran bien de Estefi? ¿Cómo demonios pudo desaparecer?—Joseph entró hecho una furia en la habitación de princesa de Estefanía, con la mirada sombría clavada en la cama vacía.

Él mismo buscó en cada rincón de la habitación. Esta vez su sobrina no estaba jugando a las escondidillas con él. ¡Realmente había desaparecido!

La guardaespaldas encargada de proteger a Estefanía estaba tan asustada que apenas podía mantenerse en pie. Tartamudeando, dijo:

—Se... Señor, la señorita se durmió temprano esta noche, así que no pensamos mal. Pero acabamos de entrar a checar y descubrimos que debajo de la cobija había dos almohadas. La señorita y la nana Marina no están.

—¿Ya revisaron las cámaras? ¿Buscaron por los alrededores? —Joseph estaba carcomido por la preocupación.

Antes de venir a San Eladio, su hermano mayor y su cuñada le habían encargado una y otra vez que cuidara bien de Estefanía.

Él no se había atrevido a descuidarse ni un instante, poniendo siempre la seguridad de su sobrina en primer lugar.

Aunque Estefi era una niña muy lista, al final del día seguía siendo una niña, y más aún con su ceguera; no se podía comparar con una persona normal.

Si se perdía, las consecuencias serían impensables.

—¡Patrón! ¡Patrón, ya regresó Marina! —Samuel, que estaba buscando pistas cerca de la villa, trajo a la nana Marina.

En cuanto Marina vio a Joseph, se derrumbó a sus pies llorando desconsoladamente:

—Don... Don Joseph. A la señorita se... se la llevaron.

Joseph reprimió la ira que le subía por el pecho y la levantó del suelo de un jalón.

—Deja de llorar y habla claro, ¿qué fue lo que pasó?

Resulta que Estefanía, con su naturaleza curiosa y amante del argüende, había escuchado que el mercado nocturno del Barrio Nueva Esperanza estaba muy animado y había estado insistiendo en ir.

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