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Mi Frío Exmarido (Amelia y Dorian) romance Capítulo 1417

Al día siguiente, Dorian y Amelia llevaron a Serena de regreso a Arbolada.

Antes de partir, Dorian insistió en que el médico le hiciera una última evaluación de salud a Amelia para asegurarse de que no hubiera problemas antes de subir al avión.

Hacía mucho tiempo que Serena no viajaba en avión con sus padres, así que estaba sumamente emocionada. Apenas caminaba unos pasos y ya daba un brinco; extendía ambas manitas exigiendo que Amelia y Dorian la tomaran cada uno de un lado para impulsarse y columpiarse en el aire con las piernas suspendidas. Amelia nunca había visto tal nivel de alegría y emoción en ella.

Antes del accidente, Serena y Dorian no eran tan cercanos. En presencia de él, la niña se mostraba algo cohibida y reprimía su carácter.

Durante los meses que Amelia estuvo desmemoriada, padre e hija debieron convivir bastante, pues ahora Serena ya no sentía esa timidez frente a Dorian. Al contrario, confiaba en él, dependía de él e incluso se le notaba el orgullo.

Al tomar asiento en el avión, Serena vio a un niño en la fila de al lado sentado en el regazo de su papá, mirándolos con curiosidad. No pudo evitar abrazar el brazo de Dorian para marcar territorio:

—Yo también tengo papá.

Su tono orgulloso le provocó a Amelia un ligero dolor en el corazón. Recordó que antes del accidente, aunque Serena sabía que tenía papá, quizás por ser tan pequeña y sensible notaba la mala relación entre ellos, por lo que nunca había expresado esa emoción ni orgullo frente a ella.

Amelia le acarició la cabeza con ternura.

Serena se giró con altivez, abrazó el cuello de Amelia y añadió:

—Y también tengo mamá.

Dorian sonrió, le acarició el cabello y se volvió hacia Amelia:

—Cuando tuviste el accidente y desapareciste casi tres meses, creo que Serena tenía miedo de que yo me preocupara. Aparte de llorar al principio pidiendo por ti y despertarse llorando por las noches tras alguna pesadilla, el resto del tiempo se portaba muy bien. Se quedaba muy quieta, abrazada al muñeco que le regalaste, jugando en silencio. Yo no me atrevía a molestarla, solo me sentaba a su lado para acompañarla. Fue en ese tiempo cuando empezó a confiar en mí.

El tono de Dorian era tranquilo, pero a Amelia se le llenaron los ojos de lágrimas.

Como madre, sabía cuánto dependía Serena de ella.

Especialmente a esa edad, cuando los niños son más apegados a sus mamás.

Amelia no quería ni imaginar lo triste que debió haber estado Serena en ese entonces.

—Sigue en Arbolada —respondió Dorian—. Por ahora no puede salir del país. No está haciendo nada, solo quedarse en casa.

Amelia se sorprendió:

—¿Por qué no puede salir del país?

—Tiene demandas pendientes —dijo Dorian.

Amelia asintió pensativa:

—¿Lorenzo no la está ayudando?

—No tiene las agallas —replicó Dorian—. Además, aunque Lorenzo a veces actúa sin pensar, no es tan estúpido como para no distinguir al enemigo. Desde que se descubrió la farsa de Fabiana, la familia Sabín se ha desentendido de ella.

—Escuché a Marta decir que fuiste tú quien arrastró a Fabiana y a Lorenzo a hacerse la prueba de ADN —dijo Amelia, recordando lo que le había contado Marta—. ¿Cómo estabas tan seguro de que ella era falsa? La segunda prueba que se hizo con Lorenzo confirmaba que era Amanda.

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