Serena también quería ir al baño.
Ella conocía la ubicación de los baños del último piso mejor que Amelia.
Al salir del ascensor, jaló a Amelia hacia el baño de mujeres; se le notaba la urgencia.
Amelia entró con ella al cubículo y cerró la puerta.
Se escucharon pasos acercándose, seguidos de voces.
—Me asusté horrible. La sala de juntas parece el ojo de un huracán, se siente una tensión espantosa.
Era una voz femenina desconocida, acompañada de un suspiro largo y palmadas en el pecho.
—¿Qué pasó? —preguntó otra voz de mujer.
—El consejo directivo se le puso al brinco al señor Ferrer. Se están peleando fuerte —dijo la primera.
Amelia, que estaba concentrada en Serena, se detuvo al escuchar «señor Ferrer» y miró hacia la puerta del cubículo.
Las mujeres de afuera no sabían que había alguien más. La segunda preguntó con curiosidad:
—¿Por qué? Si el consejo siempre hace lo que dice el señor Ferrer.


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