Serena también quería ir al baño.
Ella conocía la ubicación de los baños del último piso mejor que Amelia.
Al salir del ascensor, jaló a Amelia hacia el baño de mujeres; se le notaba la urgencia.
Amelia entró con ella al cubículo y cerró la puerta.
Se escucharon pasos acercándose, seguidos de voces.
—Me asusté horrible. La sala de juntas parece el ojo de un huracán, se siente una tensión espantosa.
Era una voz femenina desconocida, acompañada de un suspiro largo y palmadas en el pecho.
—¿Qué pasó? —preguntó otra voz de mujer.
—El consejo directivo se le puso al brinco al señor Ferrer. Se están peleando fuerte —dijo la primera.
Amelia, que estaba concentrada en Serena, se detuvo al escuchar «señor Ferrer» y miró hacia la puerta del cubículo.
Las mujeres de afuera no sabían que había alguien más. La segunda preguntó con curiosidad:
—¿Por qué? Si el consejo siempre hace lo que dice el señor Ferrer.
—Todos piensan lo mismo —respondió la primera—. Pero nadie se atreve a decírselo en la cara. Todos creen que el señor Ferrer perdió la cabeza; estas cosas no se resuelven con amor ciego. No sé qué le pasa, antes era súper frío y calculador, con principios, nunca mezclaba sentimientos.
—Yo también extraño al señor Ferrer de antes. Escuché que la alianza con Valenzuela Transporte Marítimo también está en pausa por culpa de su enamoramiento.
—Pues ya ves que Valenzuela Transporte Marítimo tiene muchas ganas de trabajar con nosotros. La señorita Valenzuela ha venido en persona varias veces, con mucha disposición. Dicen que hasta cedió en las condiciones con tal de cerrar el trato de Puerto Fantasía. Ya pasó todas las auditorías, pero el contrato está atorado con el señor Ferrer. No quiere firmar. Y ya sabes cómo está la empresa: el último año hubo problemas con tres proyectos grandes y el sector inmobiliario no anda bien. No podemos seguir comiéndonos los ahorros. Aprovechar el transporte marítimo es una gran oportunidad. Además, desarrollar esa área era un plan del señor Ferrer desde hace años, y ahora simplemente lo congela.
—¿Y eso qué tiene que ver con estar enamorado?
—Ay, no seas tonta. ¿Por qué crees que la señorita Valenzuela viene en persona siempre? Ese proyecto no es tan importante como para que alguien de su nivel venga diario. Y ceder tanto para conseguir la alianza... Si no tuviera otras intenciones, estaría haciendo caridad.

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