Serena seguía en la oficina. Dorian había asignado a alguien para que la cuidara.
Pero como no era alguien conocido, la niña jugaba distraída. En cuanto Amelia y Dorian entraron, la pequeña dejó los juguetes y corrió hacia ellos.
—Mamá, ¿dónde estaban tú y papá?
Su vocecita sonaba quejumbrosa y tierna. —No los veía y me dio miedo.
—Papá y mamá solo fueron abajo a resolver un asunto de trabajo.
Amelia se agachó para cargar a Serena y la consoló con suavidad.
—Es que abajo había muchos reporteros, mucha gente con cámaras y celulares. Teníamos miedo de que te asustaras, por eso no te llevamos.
El tono suave de Amelia calmó la ansiedad de Serena. La niña no dijo nada más, solo pegó su mejilla a la de su madre y la abrazó por el cuello, negándose a soltarla.
Dorian fue al escritorio para buscar los documentos del proyecto y echó un vistazo a madre e hija.
La imagen de Serena abrazada al cuello de Amelia, frotando su carita contra la de ella, le tocó el corazón.
Antes, a Serena le encantaba abrazar a Amelia así, pero solía ser en momentos de alegría, riendo a carcajadas.
Sin embargo, desde que Amelia regresó después del accidente, Serena buscaba ese contacto cuando se sentía insegura o triste. No se reía; simplemente se aferraba, en silencio, sintiendo el contacto de la piel, sin decir palabra. Era una escena que partía el alma.
Amelia también notó la diferencia. Se le encogió el corazón.
Acarició la cabecita de la niña, permitiendo que se pegara aún más a ella.
—Serena siempre será el tesoro de papá y mamá. Nunca te dejaremos sola. No te preocupes ni tengas miedo, ¿sí?
Le susurró palabras de consuelo al oído.
Serena soltó un suave «mjm» y finalmente relajó el cuerpo.
Amelia le acarició el pelo con ternura.
Dorian ya tenía listos los archivos del accidente del museo de ciencias de la escuela.
—Este es el informe preliminar de la investigación.
Amelia, que estaba concentrada en el material que Dorian le había dado, levantó la vista al escuchar el cambio en su voz.
—¿Qué pasa?
Preguntó, mirando instintivamente el archivo en las manos de él.
Dorian observaba fijamente una foto de los escombros. En la imagen, la superficie de fractura del concreto mostraba agregados sueltos.
Amelia frunció el ceño y tomó el reporte de pruebas.
—Este concreto se ve raro —dijo Amelia, analizando el corte transversal en la foto—. Un concreto C60 normal no debería estar tan suelto.
Yael entró a paso veloz. Al escuchar a Amelia, su expresión se tensó y miró a Dorian.
Dorian le mostró la foto.
—Esta imagen no coincide con lo que vi ese día en el lugar del accidente.

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