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Mi Frío Exmarido (Amelia y Dorian) romance Capítulo 1528

—¡Mira lo que hiciste!

Con un grito de furia, Fabián azotó un expediente sobre la mesa.

Amelia y Dorian no podían leer el texto desde la pantalla, pero supusieron que tenía que ver con el incidente de la obra del Pabellón de Ciencias de la noche anterior.

Ramiro tomó los documentos y su cara cambió de color al instante.

—¿Quién te dio las agallas para mover esa grava en este momento? —rugió Fabián, lanzándole otro legajo a la cara.

—Vi que usted estaba preocupado por ese material y, como Lucas dijo que alguien lo necesitaba urgente, pensé que era la oportunidad de deshacernos de eso y evitar problemas a futuro —bajó la voz Ramiro—. Quién iba a pensar…

—¡Puras mentiras! —Fabián se dio la vuelta y le propinó otra bofetada—. ¿Tienes caca en la cabeza? ¿No ves cómo están las cosas? Con tanta gente vigilando la obra del Pabellón de Ciencias, ¿creíste que nadie notaría que faltaba tal cantidad de material en una noche?

—Ya tenía todo arreglado con Lucas. Sacábamos la grava mala y metíamos la buena de inmediato. En una noche lo hacíamos. Y si no terminábamos, estos días la vigilancia es nuestra, nadie se iba a dar cuenta —se apresuró a explicar Ramiro—. Quién iba a saber que alguien le iría con el chisme al Señor Ferrer y nos cacharían en la movida.

—¡Imbécil!

Las cachetadas no fueron suficientes para calmar su ira, así que Fabián le soltó una patada a Ramiro.

—¡Te pusieron una trampa! ¿O por qué crees que esa grava defectuosa fue a parar casualmente a una obra en el sur de la ciudad? ¿Sabes de quién es esa obra? ¡De los Ferrer!

Ramiro levantó la vista, sorprendido.

—Tú y ese tal Lucas tienen cerebro de mosquito. A la hora de la verdad, no sirven para nada —Fabián estalló en insultos—. Una trampa tan sencilla y ustedes caen redonditos, como si nunca hubieran visto dinero.

Estaba tan furioso que era evidente que ya había investigado todo el asunto.

Ramiro se detuvo en seco.

—Señor Díaz, yo no lo vendí. Dorian me obligó, no tuve opción más que confesar, pero no les di ninguna prueba. Todo fue de boca, pura palabrería mía. Usted no va a tener problemas —se apresuró a aclarar Ramiro.

—¡No me vengas con estupideces! —Fabián se contuvo de patearlo de nuevo—. ¿Crees que porque no estuve ahí no sé lo que hiciste?

Se acercó, lo agarró del cuello de la camisa y lo miró con ferocidad:

—Dime la verdad, ¿quién te ordenó hacer esto?

—Nadie, nadie —Ramiro, con el cuello apretado y la cara roja, apenas podía hablar—. Solo pensé que como no había pruebas… si confesaba, pues confesaba y ya…

—¿Y por qué no culpaste a otro? ¿Por qué te fuiste directo contra mí? —Fabián apretó más el agarre—. Ramiro, no me quieras ver la cara de estúpido. Desde que decidiste mover el material a mis espaldas con Lucas, eso ya no es algo que se te ocurra a ti con esas agallas de ratón que tienes. ¿Quién te mandó hacer esto?

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