Antes, Dorian no comprendía a su abuelo, pero ahora veía que el anciano tenía verdadera visión y carácter.
Lástima que, al final, su abuelo fue demasiado bondadoso y nunca le compartió sus sospechas sobre Cintia.
O tal vez Cintia se disfrazó demasiado bien al entrar en la familia Ferrer; el cuidado casi maternal que le daba a Dorian redujo las defensas del anciano, e incluso las del propio Dorian, haciéndoles pasar por alto la crueldad que se escondía bajo su fachada de mujer decente.
Ayer, en el video de vigilancia, Cintia se mantuvo siempre impasible frente a Fabiana.
En cambio, Patricia, quien tomó la iniciativa de hablar con la chica, no pudo ocultar su emoción. Si no fuera una niña que ella misma cuidó o entregó, Patricia no habría reaccionado así.
Comparada con ellas, Fabiana se mostró mucho más fría. Solo les dedicó una mirada inexpresiva y siguió subiendo las escaleras con su pesada cubeta de agua.
A diferencia de lo dulce que era con Cintia cuando vivía con los Sabín, la Fabiana de ayer ya no se molestaba en adularla, aunque tampoco había odio en su mirada.
Por eso Dorian dedujo que, muy probablemente, Fabiana aún no sabía nada.
Su frialdad hacia Cintia se debía simplemente a que Cintia ya no le servía para nada.
En eso, se parecía mucho a su madre.
Patricia ya había regresado a Valverde.
Dorian y Amelia no insistieron.
El viaje a Valverde, aunque no les permitió ver a Patricia en persona, les dio una pista inesperada gracias a que Cintia la llevó a ver a Fabiana. Ahora todo dependía de esa prueba de ADN.
Para evitar errores, Dorian le encargó a Yael que supervisara el asunto personalmente.
Yael regresó a Arbolada esa misma tarde y su método fue bastante rústico pero efectivo. No se atrevió a llevar personal médico para sacar sangre ni a llevarlas a un hospital. Simplemente se presentó en sus casas con el pretexto de regalar cartones de leche y, en un descuido, les arrancó un par de pelos a cada una. Fabiana y Cintia se pusieron furiosas y querían llamar a la policía, pero no tenían argumentos.
Al fin y al cabo, él había ido de visita con regalos, ellas le habían abierto la puerta y lo habían invitado a pasar. El único daño fue la pérdida de un cabello; si llamaban a la policía, ni siquiera sabrían cómo describir el "crimen".

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