Amelia y Dorian regresaron a Arbolada esa misma noche.
Apenas llegaron, Yael y Frida entraron tras ellos.
—¿Sebastián y Otto se han visto en estos días? —preguntó Dorian nada más entrar, mientras se sentaba a ayudar a Serena a armar su castillo de bloques.
—Según la información que tenemos, no ha habido ningún contacto entre ellos —informó Yael—. Sebastián va y viene del trabajo con normalidad, no sale más. Otto también se la pasa encerrado en casa.
—¿La gente de Fabián sigue vigilando a Sebastián? —preguntó Dorian.
—Siguen en eso —dijo Yael—. Pero como Sebastián se mueve con mucha cautela, Fabián todavía no ha logrado descubrir quién está detrás de él.
Dorian levantó la vista.
—Consígueme una cita con Sebastián.
—¿Ah? —Yael miró a Dorian con sorpresa, sin entender qué planeaba.
Amelia, que estaba preparando un biberón para Serena, también se giró al escuchar eso.
Dorian mantuvo la expresión tranquila.
—Cítalo para mañana a mediodía.
—No creo que acepte, ¿o sí? —dijo Yael frunciendo el ceño—. El Estudio de Arquitectura Sebastián no tiene negocios con el Grupo Esencia, incluso somos competencia directa. Y con el escándalo del museo científico escolar tan reciente, dudo que quiera venir.
—Entonces cítalo en mi nombre —intervino Amelia, acercándose con el biberón listo—. Sebastián sigue obsesionado con el proyecto de Ricardo Arriaga. Dile que quiero renegociar la titularidad de ese proyecto.
—No hace falta —Dorian descartó la sugerencia de inmediato—. Solo dile que tengo asuntos que tratar con él. Usa a Cristina Solís y a su empresa fantasma, «Comercio Excelente», como anzuelo. Dile que puede elegir no venir, o puede elegir esperar a que la policía lo cite.


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