Frida le envió un mensaje a Amelia avisándole que Serena ya se había dormido en su casa y que ella la cuidaría, para que Amelia y Dorian descansaran tranquilos.
La pareja se aseó rápidamente y se fue a la cama.
Sin embargo, cuando estaban profundamente dormidos, el tono estridente del celular los despertó de golpe. Era el teléfono de Amelia; Frida estaba llamando.
Amelia contestó de inmediato.
—¡Meli, ven rápido! No sé si a Serena le cayó mal la cena, pero no para de vomitar y parece que tiene fiebre.
La voz de Frida, al borde del llanto, espabiló a Amelia en un segundo.
—No te asustes, subo ahora mismo —le dijo para calmarla, mientras saltaba de la cama para vestirse.
Dorian también se levantó y tomó su abrigo.
—¿Qué le pasa a Serena?
Como Amelia tenía el teléfono lejos, él no había escuchado bien, solo palabras sueltas como «vomitar» y «fiebre».
—Parece que se empachó o algo le cayó mal —respondió Amelia—. Voy a verla. Tú tienes un día muy pesado mañana, trata de dormir otro rato.
—No digas tonterías —le reprochó Dorian suavemente—. Si mi hija está mal, ¿cómo te voy a dejar sola?


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