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Mi Frío Exmarido (Amelia y Dorian) romance Capítulo 1602

Dorian no respondió al mensaje; seguramente seguía ocupado.

Amelia ya se había sentado en el sofá del estudio con el celular en la mano. Se acurrucó subiendo las piernas al asiento y siguió escuchando, sintiéndose transportada a aquella noche, como si él estuviera susurrándole esas viejas historias al oído.

Le hablaba de aquella reunión de exalumnos.

Le contó la verdadera razón por la que decidió asistir. Fue la primera vez que Amelia supo que aquel encuentro no había sido una casualidad del destino, sino que él había volado desde el otro lado del mundo expresamente para verla.

«En ese momento no sabía por qué sentía esa urgencia de volver, solo sentía que el corazón me latía a mil por hora. Quería intentar de nuevo lo que no pude hacer en nuestro último año de universidad, cuando fui varias veces a tu facultad sin éxito. Quería ver si era posible encontrarte».

«Hasta el día de hoy, agradezco haber vuelto esa noche».

—Yo también agradezco haber ido esa noche —murmuró Amelia, respondiendo a su nota de voz citando sus palabras—.

»En realidad, organizaron varias reuniones en estos años. Frida me insistió varias veces, pero nunca fui. Aunque en el fondo quería ir. No podía evitar la esperanza de verte, pero al mismo tiempo me aterraba la idea. Vivía en esa contradicción y al final nunca iba; la razón siempre ganaba. Pero cuando terminaban, no podía evitar preguntarle a Frida, fingiendo desinterés, quiénes habían ido. En el fondo, solo quería saber si tú habías estado ahí. Cada vez que escuchaba que no habías ido, sentía una mezcla de decepción y alivio.

»Con la última reunión pasó lo mismo. Frida me estuvo rogando mucho tiempo, decía que casi todos iban a ir y que me vería muy mal si faltaba. Pero yo solo pensaba: “¿Eso significa que tú también irás?”. Esa noche estaba nerviosa y asustada. Me pasé todo el día inquieta, y conforme me acercaba al restaurante, más nerviosa me ponía. Repasé mil veces en mi cabeza qué decirte si te veía. Pero cuando abrí la puerta y no te vi, todo ese nerviosismo se convirtió en una profunda decepción. No me atreví a preguntar por qué no habías venido, por miedo a que descubrieran que me gustabas. La cena, que tanto había esperado, me pareció insípida porque tú no estabas».

Al principio, ninguno de los dos buscaba que pasara algo más. Fue solo que la emoción contenida durante toda la noche, acumulada con esos roces accidentales, se desbordó en el instante en que sus miradas se cruzaron. Se convirtió en un incendio forestal que quemó toda la razón y se volvió incontrolable.

«Estos años he pensado mucho en eso. Si esa noche me hubiera controlado, ¿habríamos sido como cualquier otra pareja? ¿Nos habríamos conocido poco a poco, acercándonos despacio, enamorándonos y, finalmente, casándonos en el momento adecuado? Emocionalmente, me gustaría creer que sí, pero la razón me dice que no».

—Yo también creo que no —le respondió Amelia con una sonrisa triste—. Ni siquiera me pediste mi WhatsApp, y yo tampoco me atreví a pedirte el tuyo.

Amelia podía imaginar la reacción de Dorian al escuchar eso. Probablemente solo sonreiría, la miraría en silencio y luego la abrazaría diciéndole «perdón», explicándole por qué no le pidió su contacto. Tal como dijo en el mensaje de voz: para asumir cuanto antes la responsabilidad de Grupo Esencia, había volcado todo su tiempo y energía en el estudio y el trabajo. Estaba tan desgastado por una carga laboral que superaba sus límites que ya no le quedaba pasión para nada más. ¿Cómo iba a tener tiempo para conocer a alguien, cortejarla y enamorarse?

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