Entrar Via

Mi Hija Llama Mamá a Otra romance Capítulo 100

En ese momento, Daya ya se había cansado de llorar. Acurrucada en el regazo de Paloma, sollozaba bajito, sin apartar la mirada de la dirección del cuarto.

En el fondo, ella pensaba que Candela estaba allí.

Cuando Candela terminó sus asuntos y salió del estudio, ya había oscurecido.

Sin preguntar nada sobre lo ocurrido con Daya, dio instrucciones a los empleados para que sirvieran la cena y se dirigió al comedor.

Daya, que había estado todo este tiempo en el cuarto de los niños, se enteró en cuanto Candela salió.

Para llamar la atención de Candela, empezó a golpear sus juguetes con algo de escándalo, esperando que ella volteara a verla.

Pero Candela bajó las escaleras sin siquiera mirar hacia donde estaba.

Al ver la espalda de Candela alejándose, a Daya se le llenaron los ojos de lágrimas y la tristeza le apretó el pecho.

Candela nunca antes la había dejado de lado así…

Mientras repasaba lo que había pasado en el día, Daya sentía que la tristeza le iba creciendo por dentro.

En su pequeño mundo, estaba convencida de que Candela siempre iba a estar a su lado, creyendo que, hiciera lo que hiciera, Candela siempre la consentiría.

Pero hoy… había llorado tanto, tan desconsolada, y Candela ni siquiera se acercó a consolarla, ni siquiera a echarle un vistazo.

A un lado, una de las empleadas observaba todo sin decir nada.

Los niños creen que pueden esconder sus sentimientos, pero los adultos, con solo verlos, ya saben lo que pasa.

—Señorita, vamos a cenar, ¿le parece? Hoy la cocina preparó varios de sus platillos favoritos —comentó la empleada con una sonrisa.

Daya bajó por las escaleras, haciendo un puchero.

—Bueno, está bien.

Extendió los brazos, esperando que la cargaran, y hasta se subió un poco el pantalón para que se notara bien la venda en su rodilla.

La empleada, que entendía perfectamente la intención de Daya, la tomó en brazos y la llevó al comedor.

A esa hora, la cena ya estaba servida en la mesa.

Candela ocupaba su lugar de siempre, concentrada en su plato, sin levantar la vista.

Desde que entró al comedor, Daya no dejó de observarla ni un segundo, esperando el momento en que Candela la mirara al menos una vez.

Pero ni cuando se sentó a la mesa, Candela le dirigió una mirada; fue como si ni notara su presencia.

Esa indiferencia la hirió aún más. Daya se sentó en la silla infantil, y de repente soltó:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Hija Llama Mamá a Otra