Fidel salió del área de terapia intensiva y fue directo al consultorio del médico.
Cuando supo que los coágulos en la cabeza de Candela ya se habían disuelto, por fin pudo soltar el aire que llevaba contenido en el pecho.
En ese momento, sonó su celular. Era Zaira.
Fidel frunció el ceño, dudó un instante, pero terminó por contestar.
—Fidel, ¡por fin contestas! —La voz de Zaira transmitía una ansiedad imposible de ocultar.
En los últimos días, Zaira había intentado comunicarse con Fidel sin éxito. Lo único que había logrado saber, por medio del secretario de Fidel, era que él no había sufrido heridas graves y que se encontraba en el hospital cuidando a Candela.
Mientras tanto, las redes estaban inundadas de noticias sobre ellos.
Zaira, en el fondo, pensó que quizá podría aprovechar la situación para que el público supiera de los sentimientos de Fidel hacia ella, y así, de paso, lograr estar juntos. Pero, al no obtener respuesta de Fidel, la inquietud comenzó a apoderarse de ella.
Después de todo, por mucho que Fidel la hubiera querido años atrás, ya habían pasado cinco años. Las personas cambian. ¿Quién podía asegurarle que Fidel seguía siendo el mismo de antes?
Por suerte, Fidel finalmente aceptó su llamada.
—¿No te pasó nada? ¿Cómo está tu esposa? ¿Es grave lo que le pasó?
Fidel estaba parado en el pasillo del hospital, con la luz blanca cayendo sobre su espalda.
—Ya despertó. Hoy mismo la van a trasladar a una habitación normal.
Del otro lado, Zaira soltó un suspiro, como si por fin le quitaran un peso de encima.
—¡Qué alivio! Voy a preparar algo de comer y se los llevo.
Fidel no lo permitió.
En este momento, Candela todavía tenía resentimientos hacia él. Si Zaira aparecía, lo único que lograría sería complicar aún más las cosas y aumentar los malentendidos entre ellos.
—Las personas que ayudan en casa lo van a traer. No es necesario que vengas.
Zaira no esperaba un rechazo tan directo. Se quedó callada, incómoda. Luego, con voz algo temblorosa, añadió:
—Bueno, entonces cuídate mucho.
—Sí.
Fidel terminó la llamada y se quedó apoyado contra la pared del pasillo.

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