—¿Quieres postularte al doctorado de la profesora Verónica solo para avanzar en el mundo de las subastas, no es así?
Fidel hizo una pausa, sus ojos fijos en Candela.
—El profesor Marcos, siendo toda una eminencia en arte y antigüedades, lleva años sin aceptar alumnos. Si llegas a convertirte en su estudiante, eso impulsará tu carrera mucho más que quedándote bajo la tutela de la profesora Verónica.
Se inclinó hacia adelante, como si quisiera dejar claro que no había espacio para dudas.
—Sobre esos rumores de Grupo Arroyo, no tienen ni pies ni cabeza. Si te coordinas con el equipo de relaciones públicas, basta con que me acompañes a un par de eventos y listo.
Al decir todo esto, Fidel sentía que no quedaba ningún argumento para que Candela se negara. El peso y la influencia del profesor Marcos no tenían comparación con los de Verónica. Si Candela conservaba un poco de sentido común, sabría qué elegir.
Era, en su mente, la mejor solución.
Candela lo observaba en silencio. Ese hombre siempre era así: tan distante, tan rígido. Incluso ahora que ella era su esposa, él le hablaba como si fuera una simple empleada. Tal vez, pensó con amargura, Fidel reservaba sus verdaderas emociones para Zaira.
Fidel, al ver que Candela no respondía, asumió que había aceptado.
Se enderezó, listo para irse, pero entonces notó el anular desnudo de Candela.
—¿Dónde está tu anillo de matrimonio? El día que salgas del hospital, asegúrate de llevarlo puesto. La prensa siempre se inventa historias a partir de cualquier detalle mínimo.
Candela movió ligeramente la mano. Alzó los dedos y contempló el vacío en su anular. Por lo visto, Fidel ni siquiera sabía que hacía tiempo ella había dejado ese anillo en las Residencias Monarca. Tampoco le sorprendía; si él había logrado ignorarla durante cinco años, ¿cómo iba a notar que ella había dejado el anillo sobre el tocador?
Sintió un nudo en la garganta. Más que tristeza, era una punzada de lástima hacia sí misma… y de asco. Asco de seguir permitiendo que Fidel afectara sus emociones, incluso ahora.
Al fin habló.

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