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Mi Hija Llama Mamá a Otra romance Capítulo 117

Fidel era un empresario exitoso.

No importaba cuándo ni dónde, siempre encontraba la manera de maximizar sus propios beneficios.

Pero esta vez, la razón por la que tardó tanto en decidirse fue porque buscaba una solución donde ambos salieran ganando.

Había prometido compensar a Candela, y no pensaba romper su palabra.

Fidel se sentó junto a la cama del hospital.

Candela ya había adivinado lo que Fidel quería decir.

En realidad, lo único que le interesaba de permitirle sentarse ahí era descubrir hasta qué punto aquel hombre podía ser tan descarado, y qué clase de truco traía bajo la manga para convencerla de ayudarlo a resolver el lío en el que se encontraba Grupo Arroyo.

Fidel la miró fijamente.

Una vez más, ella lo veía llena de desprecio, como si le costara trabajo incluso respirar el mismo aire que él.

Fidel levantó la mano, intentando apartar un mechón de cabello que se le había caído a Candela sobre la cara.

Sin embargo, en cuanto su mano se acercó, Candela se apartó con una expresión de repulsión tan clara que no dejaba lugar a dudas.

La mano de Fidel quedó flotando en el aire, incómoda, como si se hubiera olvidado de lo que iba a hacer.

Sus dedos se cerraron y el puño vacío regresó a su regazo.

Al final, habló.

Sin rodeos, directo al grano.

—Lo que estábamos platicando allá afuera, seguro ya lo escuchaste.

La última vez todo se salió de control y eso le dio a la empresa una mala imagen. Ahora, lo mejor sería que ambos diéramos la cara y le explicáramos a los medios que todo fue un malentendido.

Candela no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Cómo podía Fidel soltar semejantes palabras con semejante descaro, como si hablar de eso no le costara nada?

Sabía que ese hombre nunca la había amado.

Pero escuchar esas palabras, tan secas y prácticas, le apretó el pecho.

Ni siquiera era que no la quisiera. ¡Era mucho peor!

A pesar de saber lo mal que la estaba pasando, a él solo le importaba que colaborara por el bien de la empresa.

Para Fidel, ella ni siquiera era una persona con emociones, solo una pieza más en su tablero.

Candela siempre había tenido fama de mantener la calma.

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