Al salir del hospital, Fidel regresó directo al trabajo.
La torpeza de Candela sí lo había sorprendido, pero ni de lejos era algo que lo dejara sin opciones.
En este mundo, todo se resuelve de dos formas: con incentivos o con amenazas.
Si Candela había despreciado sus condiciones con esa actitud altanera, entonces bien podía dejarla probar en carne propia las consecuencias de sus malas decisiones.
...
En la oficina.
Mireia terminó de entregarle el reporte más reciente a Fidel. Se notaba incómoda, como si tuviera algo más que decir.
Fidel le pasó los papeles firmados y notó enseguida su expresión.
—¿Hay algo más?
Mireia se animó a hablar.
—Anoche, el señor Genaro se reunió con varios directores en Sabor y Tradición. Seguramente para preparar lo del consejo del lunes. ¿Quiere que esta noche le organice una cena para platicar con esos directores y tantear el terreno?
Fidel ni se inmutó.
Revisaba otros documentos mientras contestaba.
—Ese primo mío, en su vida ha hecho otra cosa que no sea parrandear y gastar dinero. Ahora que ve problemas, anda correteando a todos por la oficina, como si de verdad supiera moverse. ¿Tú crees que con esa cabecita va a poder convencer a los directores? ¿O que tiene algo que les interese a esos zorros del consejo?
Mireia, que llevaba años trabajando con Fidel, no tardó en captar la indirecta.
—¿Usted piensa que Genaro tiene a alguien detrás? ¿Será Enzo Arroyo?
Fidel se recargó en la silla, cruzando los brazos.
—Ya sé de qué va todo esto. Puedes irte.
—Sí, señor Fidel.
Mireia salió de la oficina. Antes de cerrar la puerta, miró de reojo al hombre detrás del escritorio y suspiró en silencio.
De niña, cuando veía telenovelas, pensaba que todo ese drama de las familias ricas era pura exageración.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Hija Llama Mamá a Otra