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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 111

Al ver a Isabel y a Cristian a poca distancia, la sonrisa en los ojos de Liam se desvaneció considerablemente.

Nerea también borró su sonrisa y tomó la iniciativa de decirle a Liam:

—Señor Santillán, entonces me retiro.

Liam asintió.

—Fue un placer ver la exposición con usted, directora Galarza.

Después de que Nerea se marchó, Liam tomó el agua y caminó hacia Cristian, entregándole la botella extra.

Cristian la tomó y, con naturalidad, destapó la botella y se la pasó a Isabel.

Liam los miró un instante, luego apartó la vista y preguntó:

—¿Por qué tan tarde?

—Tráfico. ¿Ya terminaste de ver todo?

—Sí. Me encontré con la doctora Rangel y la directora Galarza en el camino, así que terminamos el recorrido juntos.

Cristian entendió lo que Liam insinuaba; estaba explicando de paso por qué estaba con Nerea.

En realidad, él no había pensado nada al respecto, ni le importaba con quién estuviera Nerea.

Y mucho menos tratándose de Liam, con quien había crecido y cuya integridad conocía perfectamente.

Ahora que Nerea era la salvadora de Martina, era de lo más normal que Liam se la encontrara y vieran una exposición juntos.

Cristian le dio una palmada en el hombro.

—Entendido. Nosotros entraremos a ver la exposición.

—Liam, nos vemos al rato —dijo Isabel sonriendo y asintiendo hacia él, antes de seguir a Cristian.

***

Por la tarde se celebró la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial organizada por los anfitriones.

Los asistentes eran líderes en el campo de la IA, así como representantes de las principales empresas de tecnología de vanguardia.

Fabiola, como una de las figuras principales, tenía su lugar asegurado en la primera fila.

Y Cristian, siendo el hombre más rico de Puerto San Martín y representante líder de las empresas de tecnología inteligente, naturalmente también estaba sentado en la primera fila.

—Doctora Rangel —saludó Cristian.

Fabiola mantuvo una expresión impasible y respondió con una cortesía distante:

—Señor Vega.

Un destello de sorpresa cruzó la profunda mirada de Cristian; la actitud de Fabiola hacia él, así como la forma de dirigirse a él, habían cambiado.

Isabel no lo notó hasta que saludó sonriente a Fabiola, pero la doctora solo asintió levemente, sin decir una palabra, y se giró para conversar con la persona de al lado sobre otros temas.

Gracias a su relación con Cristian, Isabel rara vez era menospreciada o ignorada.

Miró a Cristian con una expresión de incomodidad y vergüenza, y preguntó en voz baja:

—Cris, ¿a la doctora Rangel no le caigo bien?

Cristian la hizo sentarse.

El discurso del Grupo Vega abarcaba las tendencias y la gobernanza global de la IA, centrándose en las discusiones sobre políticas y ética transnacionales. Además, incluía la presentación de varios de los últimos logros en investigación del Grupo Vega, entre ellos, el auto volador.

El auto volador no solo podía resolver los problemas de congestión vial en las ciudades, sino también ahorrar costos de infraestructura urbana, marcando un gran avance para la tecnología humana.

Isabel vestía hoy de manera elegante y sofisticada, proyectando una imagen intelectual y hermosa. Hablaba con fluidez en el escenario mientras los flashes de las cámaras no dejaban de dispararse abajo.

Esta intervención del Grupo Vega no solo era para discutir sobre IA con los presentes, sino también una demostración de resultados, mostrando el poderío del Grupo Vega para dar confianza al exterior.

Era seguro que, tras esta conferencia, las acciones del Grupo Vega subirían considerablemente.

Al finalizar el evento, Isabel recibió mucha atención, rodeada por un grupo de dueños de empresas tecnológicas.

Claro que gran parte de la razón era Cristian, pero no se podía negar que ella también tenía talento.

—La directora Echeverría es realmente una mujer admirable, impresionante. Sin embargo, sobre esa tecnología SCEIT y el protocolo CIYE que mencionó, no entendí muy bien y quisiera pedirle a la directora Echeverría que me ilumine...

Isabel escuchó la pregunta y le explicó al ejecutivo con una sonrisa, utilizando muchos términos técnicos que serían difíciles de entender para alguien que no fuera de la carrera de informática.

Pero a los ojos de los no expertos, aquello parecía extraordinariamente sofisticado e impresionante.

La multitud entendía a medias, y sus miradas hacia Isabel se volvían cada vez más de admiración y aprecio, como si estuvieran viendo a una diosa celestial.

Guapa y con talento real, ¿a quién no le gustaría?

Isabel se ganó al instante una gran cantidad de admiradores.

Su confianza creció, y por el rabillo del ojo miró hacia el rincón donde estaba Nerea, a quien nadie prestaba atención.

Se sintió orgullosa y arrogante, y pensó con desdén: «¿Y qué si Fabiola no me traga? Sigo siendo más popular que Nerea».

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